En el mundo de la publicidad el premio mayor se lo llevan aquellos que pueden medirlo todo —el número de personas que ven un anuncio, cuándo lo ven y quiénes son.
Sin embargo, los anuncios panorámicos son otro asunto. En gran medida, aún constituyen una reliquia de los medios y las mejores conjeturas acerca de su eficiencia proceden del conteo de tráfico peatonal o los reportes viales, ninguno de los cuales garantiza que la gente que pasa por allí se fije realmente en el anuncio o que sea el público meta.
Algunos emprendedores han introducido tecnología para resolver ese problema. Equipan anuncios con cámaras minúsculas que recaban detalles acerca de los transeúntes —su género, edad aproximada y el tiempo que dedicaron a mirar el anuncio..
Detrás de la tecnología están pequeñas compañías que sostienen que no almacenan imágenes de los espectadores, por lo que la privacidad no debería ser una preocupación.
Indican que utilizan un software para determinar que una persona está de pie frente a un aviso panorámico y luego analiza sus rasgos faciales con el fin de evaluar su género y edad. Aunque todavía no emplean el parámetro racial, agregan que pueden hacerlo y será pronto.
Su objetivo es adaptar lo que transmite la pantalla digital a la persona parada frente a ella.
“Todo lo que hacemos es completamente anónimo”, expresó Paolo Prandoni, fundador y director científico de Quividi, compañía fundada hace dos años en París. Quividi y sus competidores utilizan pequeños anuncios digitales destinados a públicos en particular.
El mes pasado, una cámara Quividi fue instalada en una publicidad en Manhattan que transmitía un avance de la miniserie televisiva “The Andromeda Strain”.
“Para ser honestos, ni me fijé”, expresó Sam Cocks, abogado de 26 años, cuando un reportero le mostró la ubicación de la cámara. “Es perturbador. Me parece que constituye una invasión a la privacidad”.
Las cámaras ocultas en lugares públicos han creado controversia en Londres, donde se usan para detectar terroristas, así como en el sur de Manhattan, donde existe una iniciativa similar. Sólo en Gran Bretaña, se calcula que hay 4,2 millones de cámaras de televisión en circuito cerrado, 1 por cada 14 habitantes.
La tecnología de Quividi ha sido utilizada en mueblerías Ikea, en Europa, y restaurantes McDonald’s, en Singapur, pero acaba de llegar a Estados Unidos.
“Creo que gran parte del motivo por el que son aceptadas es que la gente no está enterada de su existencia”, expresó Lee Tien, abogado del grupo de defensa de libertades civiles Fundación de la Frontera Electrónica.
En cuanto al aviso panorámico en Manhattan, suscitó reacciones encontradas.
“No quiero aparecer en la mercadotecnia”, expresó Antwann Thomas, de 17 años, luego de que le revelaran la existencia de la cámara. Otros peatones le restaron importancia.
“Alguien en la calle puede observarte mientras estás viendo un aviso, ¿por qué no una cámara?”, preguntó Nathan Lichon, oficial de la Armada estadounidense, de 25 años.