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Otra vez Malthus: ¿El nuevo apocalipsis?

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ÚLTIMO RECURSO El espectro de la hambruna golpea al mundo nuevamente. Gente hace cola por comida en Islamabad, Pakistán.
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Junio 22, 2008

Mientras los estadounidenses protestan por los precios de la nafta, en Bangladesh, Egipto y los países africanos se producen disturbios por alimentos. En Haití, le costaron el cargo al primer ministro. Países como China, India e Indonesia restringen las exportaciones y el arroz se embarca con custodia armada.

Por otra parte, una vez más se evoca a Thomas Malthus, un economista y demógrafo británico de fines del siglo XIX que sostenía que era inevitable que la población, que crece de forma geométrica, superara a la producción de alimentos, que crece de forma aritmética. La consecuencia sería una hambruna. La idea dio lugar a predicciones apocalípticas tanto reales como imaginarias, desde la Gran Hambruna de Irlanda de 1845 hasta la Bomba Poblacional de 1968.

Sin embargo, en los últimos doscientos años la revolución industrial, la revolución del transporte, la revolución verde y la revolución biotecnológica hicieron que Malthus quedara desacreditado. Los trastornos de los últimos meses no revierten el descrédito de Malthus, señala la mayor parte de los especialistas, pero son una muestra de los problemas que pueden surgir.

El mundo nunca estuvo al borde de exceder su capacidad de producir alimentos.

En la actualidad se produce en el mundo una cantidad de cereales suficiente para alimentar a 10.000 millones de vegetarianos, dice Joel E. Cohen, un profesor de demografía de la Universidad Rockefeller de Nueva York y autor de ¿Cuánta gente puede albergar la Tierra?

Pero buena parte de la población se alimenta de ganado, rubro que consume el sector más rico del mundo. En teoría, hay suficiente tierra cultivada como para alimentar al planeta por toda una eternidad, dado que las Naciones Unidas estiman que la población mundial se estabilizará en 10.000 millones de personas para 2060.

El éxito, sin embargo, depende del control. A fines de la década de 1980, el Programa de Hambre Mundial de la Universidad Brown calculaba que el mundo podría alimentar a 5.500 millones de vegetarianos, 3.700 millones de sudamericanos o 2.800 millones de norteamericanos, que comen más proteínas animales que los sudamericanos.

Por más que la tasa de fertilidad volviera a aumentar, muchos agrónomos consideran que el mundo podría albergar con facilidad entre 20.000 y 30.000 millones de personas. Todo el que haya sobrevolado los EE.UU. sabe que eso es posible: hay muchas tierras no cultivadas. ¿El agua?

Cuando llegue a 150 dólares el barril, valdrá la pena construir ductos para aprovechar el agua de deshielo de los casquetes polares o desalinizar el mar, como hacen los sauditas.

Lo mismo se hace aun más evidente si se sobrevuela el globo.

Los barrios pobres de Mumbai son muy extensos, pero también lo son las tierras fértiles y no cultivadas de Rajasthan. África, un enorme continente con apenas 770 millones de habitantes, parece prácticamente vacío cuando se lo ve desde el aire. Las tierras al sur del Sahara son fértiles; el clima del Zambezi es templado. Sin embargo, sólo cultiva esas zonas gente que trabaja con azada.

Como destacó Harriet Friedmann, una especialista en sistemas alimentarios de la Universidad de Toronto, Malthus escribió en una Gran Bretaña que evocaba la dicotomía actual entre los países ricos y el Tercer Mundo: una elite de grandes terratenientes practicaba una “producción científica” de lana y trigo que resultaba muy lucrativa, mientras que infinidad de granjeros de subsistencia apenas lograba ganarse la vida. La migración de esos granjeros a los barrios pobres de Londres dio lugar luego a la emigración. La principal diferencia es que en aquel momento la emigración se hizo a colonias donde había tierras cultivables disponibles, mientras que ahora se hace a países más ricos en los que hay trabajo.

A pesar de los pronósticos de Malthus, los granjeros ganaron mucho en productividad. La utilización del suelo de modo tal de plantar trigo de invierno genéticamente modificado y cosechar con tractores puede ser un proceso brutal, pero es muy tradicional.

La Dra. Friedmann sostiene que existe una imposibilidad malthusiana en la forma en que se practica la agricultura extensiva. Agrega que ésta degrada hasta tal punto la diversidad genética y el medio ambiente, que terminará por llegarse a un momento crítico en que habrá hambre.

Otros disienten. En su opinión, el mundo es de una generosidad casi inagotable. Si los alimentos llegaran a ser tan caros como el petróleo, cultivaríamos las tierras africanas, se organizarían criaderos de peces en los océanos y se construirían huertas hidropónicas de la altura de rascacielos.

Sin embargo, plantean el problema en términos más marxistas que malthusianos: los ricos se apoderan de una parte demasiado grande del total.

Por el momento, el fin a los subsidios que reciben los productores rurales estadounidenses y europeos permitiría que los productores pobres pudieran competir, lo que además de alimentar a sus familias haría bajar el precio de los alimentos y los impuestos estadounidenses. Tyler Cowen, un economista de la Universidad George Mason, destaca que los mercados agrícolas globales carecen de libertad y cuentan con una pésima administración.

Los países ricos subsidian a sus productores rurales, pero los gobiernos pobres fijan el precio local de los cereales o prohíben la exportación justo cuando los precios mundiales aumentan. Eso desalienta a los millones de productores del Tercer Mundo, que cultivan lo suficiente para sí y algo más para vender.

El Dr. Cohen, de la Universidad Rockefeller, señala que a los estadounidenses les gusta Malthus porque los exime de culpa. Para Malthus el problema es que hay demasiados pobres o, para decirlo en los términos en los que suele explicarse la crisis actual, hay demasiados trabajadores chinos e indios que piensan que deberían poder comer pizza y carne y tomar café.

Se los responsabiliza del aumento global de los precios que hace que los africanos y asiáticos pobres no puedan comprar arroz ni avena. La verdad es que la presión alcista existía antes de que ellos aportaran lo suyo.


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