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Crisis de alimentos: real e imaginada

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Junio 22, 2008

Por WILLIAM J. BROAD | ITHACA, Nueva York

Una revolución con granos de arroz

Más de un académico sueña con una revolución, pero Norman T. Uphoff, que trabaja en un frondoso extremo de la sede de la Universidad de Cornell, encabeza una que se concentra en solucionar la crisis global de alimentos. El secreto, dice, es una nueva forma de cultivar arroz.

El Dr. Uphoff, que tiene 67 años y es profesor emérito de agricultura internacional, rechaza tanto las viejas costumbres como la moderna dependencia de la ingeniería genética e impulsa un método revolucionario para el cultivo de arroz.

La cosecha se duplica, sostiene, si los productores plantan temprano, dan a las plantas más espacio para desarrollarse y dejan de inundar los campos. Eso reduce los costos de agua y semillas al tiempo que favorece el desarrollo de raíces y hojas. El método, llamado Sistema de Intensificación de Arroz, o S.R.I., hace hincapié en la calidad de las plantas y no en la cantidad. Aplica al cultivo de arroz una ética minimalista.

En los diez últimos años dejó de ser una oscura teoría y se convirtió en una tendencia global, pero debe hacer frente a la resistencia de los científicos establecidos del rubro del arroz. De todos modos, un millón de productores de arroz ya adoptó el sistema, declara el Dr. Uphoff.

Ese número, pronostica, crecerá y pasará a ser de 10 millones en los próximos años, con lo que la cosecha de arroz aumentará, lo cual permitirá alimentar a más personas y salvar vidas.

“El mundo tiene muchos problemas”, dice Uphoff, “pero si no podemos solucionar los problemas de alimentación de la gente, no podremos hacer nada. Esto, por lo menos, está a nuestro alcance.”

El método de Uphoff prospera a pesar del escepticismo de sus colegas de Cornell y del establishment arrocero global, en especial el del Instituto Internacional de Investigación del Arroz.

“Se exagera mucho”, dice Achim Dobermann, director de investigación del Instituto Internacional del Arroz, que tiene sede en Filipinas.

Dobermann señala que los productores que usan el SRI no son tantos como se sostiene. Agrega que a menudo las viejas prácticas se cuentan como parte de la tendencia y que el método suele no seguirse de forma integral. “No dudamos que pueda obtenerse un buen rendimiento”, declara, pero afirma que los métodos son demasiado onerosos para el mundo real.

Hay por lo menos un ex escéptico que considera que el método tiene grandes posibilidades. Vernon W. Ruttan, economista agrícola de la Universidad de Minnesota y miembro de la Academia Nacional de Ciencias, trabajó en una ocasión para el instituto del arroz y duplicó las expectativas del sistema.

El Dr. Ruttan ahora es partidario entusiasta de la nueva metodología y afirma que la misma está cambiando el mundo del cultivo de arroz. “No creo que llegue a tener la magnitud de la revolución verde”, señala, “pero en algunas zonas ya tiene un impacto sustancial.”

En Tamil Nadu, al sur de India, Veerapandi S. Arumugam, ministro de Agricultura, elogió hace poco el sistema, que, en su opinión, “revoluciona” el cultivo de arroz y alcanza una extensión de 400.000 hectáreas.

En Laos, un funcionario de agricultura declaró que el SRI había duplicado el tamaño de los granos de arroz en tres provincias y que se extendería a todo el país porque daba mayor rendimiento con menos recursos.

En 1990, un filántropo anónimo (que luego resultó ser Charles F. Feeney, un ex alumno de Cornell que ganó millones de dólares en tiendas libres de impuestos), donó 15 millones de dólares para iniciar un programa sobre el hambre mundial. Uphoff dirigió el instituto durante 15 años. En el desempeño de esa función viajó a Madagascar a finales de 1993. El cultivo de arroz con el método de talar y quemar destruía la selva, por lo que Uphoff buscó alternativas.

Se enteró de que un sacerdote jesuita francés, el padre Henri de Laulanié, había desarrollado en Madagascar un método de cultivo de arroz de alto rendimiento que llamaba Sistema de Intensificación de Arroz. Uphoff se mostró escéptico.

Los productores de arroz de la zona cosechaban 2 toneladas por hectárea, mientras que el nuevo grupo afirmaba que tenía un rendimiento de entre 5 y 15 toneladas.

“Recuerdo que pensé que me estaban engañando” señaló. “Les dije: No hablemos de 10 o 15 toneladas.

Nadie en Cornell va a creerlo. Digamos que son 3 o 4 toneladas”. Uphoff supervisó ensayos de campo durante 3 años, y los productores tuvieron un rendimiento de 8 toneladas por hectárea. Impresionado, dio al SRI la tapa de sus informes anuales del instituto en 1996 y 1997. Sabía que un método tan simple se oponía a la cultura agrícola moderna, pero decidió que era demasiado bueno para ignorarlo. En 1998 empezó a promocionarlo más allá de Madagascar.

Poco a poco ganó aceptación, pero también atrajo críticos, los cuales afirmaron que el método se basaba en una expresión de deseos y en una contabilidad defectuosa. En 2006, tres de los colegas de Uphoff escribieron un informe de rechazo basado en datos globales.

Si bien no es tan categórico, Dobermann, miembro del Instituto de Investigación del Arroz, calcula que el método constituye un retroceso social porque aumenta el trabajo pesado, sobre todo en el caso de las mujeres pobres, afirmación que el Dr. Uphoff niega.

En su oficina de Cornell, el Dr. Uphoff dice que quienes critican el método son parciales y saben muy poco sobre el SRI. “Los críticos trataron de decir que no es más que fanatismo y creencia religiosa”, dijo Uphoff, “pero es ciencia. Cada vez me hago más empírico y juzgo las cosas por lo que funciona.”


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