Policía y CTG harán controles ‘eficientes’ para detectarlos. El gremio de taxistas defiende su labor.
Hace cuatro meses, Perla (nombre protegido) salía de una función de cine con su novio desde el malecón Simón Bolívar. Tomaron un taxi amarillo y cuando llegaron a la Kennedy Vieja otro vehículo que da el mismo servicio los interceptó, bajaron dos individuos armados, subieron al lado de ellos y los amenazaron.
Después de ese momento comenzó una pesadilla. Insultos, manoseos a la chica, amenazas con el revólver en la sien del joven y un recorrido por varios cajeros para sacar dinero, marcaron la vida de Perla, quien cuenta que recién en estos días volvió a tomar un taxi.
Pero su trauma es evidente cuando vuelve a subir a uno. “Ahora me fijo en la placa, la cooperativa, el número de disco. Inclusive ocupo el sitio del copiloto, por miedo a que algún ladrón pueda subirse a mi lado”, dice la mujer respecto al delito que no denunció, como sí lo hicieron en la Fiscalía del Guayas otras siete víctimas, atracadas del 5 al 16 de este mes.
Para el jefe del Comando de Policía Guayas N° 2, Édison Ramos, el repunte de la delincuencia en este tipo de vehículos se debe especialmente “a que los antisociales buscan nuevas formas y herramientas para pasar desapercibidos al delinquir”.
Solo en lo que va de junio se registraron más de ocho asaltos a pasajeros de taxis amarillos. En algunos casos aseguran que el conductor actuó como cómplice de los asaltantes, por su comportamiento. Además, este tipo de hechos acabaron con la vida de Julio Yu-Lee Hidalgo y el policía Omar Proaño Marín, entre mayo y junio.
Otra de las víctimas fue Soledad Martínez, periodista de diario El Telégrafo. Asaltada y salvajemente golpeada, el pasado 12 de junio a las 22:00, por un sujeto que se subió al taxi que había tomado en av. del Ejército y av. Nueve de Octubre, en el centro de Guayaquil.
Martínez recibió varios golpes de puño en el rostro, por oponerse a que le quiten una laptop y sus pertenencias. Tras el ataque, la mujer fue abandonada en el suroeste de la ciudad. Asegura que el taxista conocía al asaltante, pues dice que su actitud lo delató: “Primero no fue por la avenida Machala, como le pedí, sino por Antepara; luego disminuyó la velocidad para que el ladrón se suba. Tras el asalto, dejó que el sujeto se baje y luego me dejó botada, porque, según él, lo estaban siguiendo, pero era falso”, revela.
Veintidós horas después, dos hermanas sufrieron un robo similar cuando abordaron un taxi amarillo en la avenida 9 de Octubre y Pedro Carbo, en el centro, para que las lleve a la Terminal Terrestre, en el norte.
Según las mujeres, oriundas de Milagro, el chofer les dijo que había congestionamiento en los túneles y prefirió ir por la calle Loja. Cerca al Cementerio General bajó la velocidad para que dos sujetos armados suban al carro. Tras los insultos y amenazas de muerte, las jóvenes fueron obligadas a entregar sus tarjetas y divulgar las claves para retirar dinero de varios cajeros. Pasó una hora y fueron abandonadas atrás de Avícola Fernández, en el norte.
Del robo al crimen
Dos de estos delitos perpetrados con participación de taxis amarillos terminaron en crímenes. Julio Yu-Lee fue asesinado después de tomar un taxi en el Malecón junto a un amigo. Los delincuentes, además de robarles todas sus pertenencias, los secuestraron por más de una hora, y cuando los abandonaron en Medardo Ángel Silva y la Novena, le dispararon.
Proaño, en cambio, fue asesinado el pasado 5 de junio, cuando perseguía por las calles José Mascote y Colombia a cuatro ladrones que huían en un taxi Lada, placa GAS-920, después de robarle a un transeúnte.
El Lada era conducido por Víctor Arias Romero, quien se defendió diciendo que era taxista, pero registra antecedentes por robo y aún permanece en la cárcel. En tanto, la placa del carro ya estaba dada de baja en la base de datos de la Comisión de Tránsito del Guayas.
Jorge Gómez Torres, secretario de la Unión de Taxistas del Guayas, defiende a su gremio, que reúne a 8.000 profesionales en Guayaquil, y manifiesta que los robos en taxis amarillos “no se dan en los legales, sino en los ambulantes o carros piratas”.
Critica la labor policial, pues indica que no se hace un buen control al grupo de choferes informales. “En las requisas no revisan a los taxistas, porque (los policías) dicen que los taxis están trabajando”, expresa.
El Jefe del Comando Guayas reconoce las falencias de los operativos policiales. “Es lamentable el asalto en taxis, pero nuestra institución implementará nuevos sistemas de control para detectar a los ladrones”, dice, sin precisar cuándo.
En cambio para Ricardo Antón, director ejecutivo de la CTG, los robos en taxis son “casualidad”. “Los ladrones pueden robar hasta una patrulla de la CTG o de la Policía y usarla en asaltos”, dice y señala que los taxis amarillos siguen siendo seguros. Pero sostiene que en las próximas semanas la institución que preside “exigirá” que carros cooperados lleven una hoja de identificación del chofer a la vista del pasajero, con datos personales y foto.
Elección
Elija los taxis que observe que dejen pasajeros o los que están en las estaciones de sus cooperativas.
Ruta
Escoja la ruta de su preferencia, no acepte sugerencias del conductor o atajos para llegar a su destino. Acceda solo si es con previo consentimiento suyo, caso contrario bájese del auto.
Instinto
Confíe en su instinto a la hora de tomar un taxi. Descarte los que no le inspiren confianza.
Identificaciones
Asegúrese de que el taxi tenga placas color naranja, el logotipo de la cooperativa a la que pertenece en sus puertas y el número de censo de la Comisión de Tránsito.
Información
Cuando aborde un taxi pida a un amigo o familiar que anote las placas y número de disco, o llame a algún conocido y comunique las características del vehículo y del conductor.
Destino
Bájese del taxi una cuadra antes de llegar a su destino, siempre que no sea peligroso.