El jonrón no es un instante aislado. Es un momento mágico al que le antecede toda una gama de detalles combinados con movimientos sinuosos y sincronizados del lanzador y del bateador.
En la vida hay acciones y fechas que nunca se olvidarán. El deporte como una manifestación humana es rico en vivencias y actos que en ocasiones alcanzan dimensiones mágicas, sorprendentes y ejemplares que quedan grabados para siempre.
En el béisbol, en particular, se recuerdan con veneración el primer uniforme, el primer juego, la primera carrera anotada, el primer hit y en un lugar preferente –por su belleza y dificultad– el primer jonrón.
Ricardo García creció en medio de guantes, bates, pelotas. Su hermano mayor fue el primero en llegar al béisbol, invitados por la mejor scout que tiene nuestro béisbol: María Elena Jouvín. Ella los invitó a jugar béisbol en el club Cardenales.
Pasó el tiempo y fue hora de jugar en el emblemático estadio Yeyo Úraga. Pese a tener solo 15 años, Ricardo está jugando el torneo en la categoría juvenil, temporalmente con la novena fraterna de San Luis, mientras su hermano Juan Fernando sigue en Cardenales.
El miércoles 11 de junio, Ricardo García había consumido tres turnos al bate. No le habían podido hacer out, había disparado un doblete y ya rondaba la cerca del jardín izquierdo. Algo especial le hacía creer que este sería el día que siempre había soñado. ¡Sacar la pelota por encima de la pared del legendario estadio Yeyo Úraga!
Los sueños y anhelos están ahí. Como si estuvieran dormidos, esperando con paciencia el instante preciso para que, como un resorte, salten y se presente en el momento indicado.
El jonrón no es un instante aislado. Es un momento mágico al que le antecede toda una gama de detalles combinados con movimientos sinuosos y sincronizados del lanzador contrario como del bateador.
“Ese día me lo imaginé. Tenía el presentimiento de que era el momento.
Cuando me encaminé al cajón de bateo me concentré y preparé para sacar el bate fuerte. El primer lanzamiento fue una bola. Me sentí más relajado y seguro. Al siguiente envío le saqué el bate fuerte, pero la pelota salió del territorio bueno y la cuenta se puso pareja de una bola y un strike. El tercer disparo del serpentinero vino por el mismo centro.
Saqué rápido y fuerte el bate y salió al encuentro con pelota”.
La esférica empezó a tomar altura a medida que avanzaba hasta que abandonó el terreno de juego por el jardín izquierdo. “Salí de la caja de bateo tan pronto sonó el batazo y justo cuando daba la vuelta por el primer cojín, busque la trayectoria de la pelota y observé admirado que la esférica abandonaba el estadio”, cuenta Ricardo. Fue por el mismo lugar por donde Panchón Sánchez y el Pavo Muñoz despacharon sus mejores batazos para escribir páginas de gloria del béisbol local.
“Al ver que la pelota salía por la calle Capitán Nájera sentí algo increíble. Fue mi primer jonrón. Fue como si estuviera en las nubes.
Quise retener el tiempo. Empecé a recordar cuando disparé mis primeros batazos. Fue un recorrido triunfal, alegre, emocionado. Fue un sonido seco, parejo y de emociones indescriptibles. Miré la cara de mi entrenador Marcos Barros que tenía una sonrisa grande. Cuando llegué al home lo pisé con los pies juntos y miré al cielo para dar gracias a Dios, mis padres y hermano que siempre me apoyaron”.
“Es probable que saque otros jonrones o tal vez nunca más, pero este mi primer cuadrangular no lo olvidaré nunca”, dijo Ricardo García.