viernes 20 de junio del 2008 Columnistas

Políticos responsables

Aun en sociedades más avanzadas que la nuestra, los grandes temas de discusión son los mismos: cómo alcanzar el bienestar colectivo, garantizando los derechos fundamentales de los ciudadanos; cuál es el rol del Estado en este derrotero y cómo deben comportarse los gobernantes para estar a la altura de las responsabilidades otorgadas por el pueblo.

Estos grandes temas se viabilizan en el mundo exterior, obviamente, a través de un marco jurídico constitucional que permita a gobernantes y gobernados convivir en paz hacia el progreso, aspiración permanente de todos los pueblos a lo largo de la historia.

Pero cuidado: cometeríamos un grave error si aceptásemos que necesariamente la responsabilidad de los gobernantes solamente alcanza la esfera de lo jurídico, de las leyes, de los tipos penales; y que todo aquello que se quede fuera de lo jurídico sea un mero referente relativo, manipulable, desechable y en consecuencia, susceptible de distorsión según el momento político, a costa de la limitada preparación de las grandes mayorías.

Porque el primer mundo sí ha identificado la importancia de la responsabilidad política de los gobernantes, al margen de lo legal.

Y para ello, cuanto más controles y contrapesos políticos existan en la estructura del Estado, mayor nivel de rendición de cuentas.

La rendición de cuentas no es la farsa de los monólogos sabatinos, ni el aparente despilfarro publicitario con fondos públicos.

La rendición de cuentas es la manifestación de la responsabilidad política de los gobernantes.

La rendición de cuentas no es tal si se rinde ante una asamblea propia y sometida o ante un foro de simpatizantes verdes y rojos o ante periodistas de medios aterrados frente a la amenaza de no renovación de sus frecuencias o comprometidos por la inusual y descomunal inversión publicitaria del oficialismo.

¿A quién le importa si Patiño recibió o no una coima como consecuencia de la reunión en el Hotel República? A la justicia le tocaba investigar y sancionar… ¿Pero está bien que un Ministro de Economía se reúna en su habitación privada con esta gente a tratar un tema tan delicado para el erario público?

¿Está bien que se contraten carreteras, puentes o negocios petroleros al margen de los filtros de contratación pública?

¿Le pagamos el sueldo al Ministro de Gobierno para hacer las veces de nexo entre fuerzas irregulares extranjeras y familiares de víctimas de un problema ajeno?

Por un momento, dejemos a un lado lo legal; ¿es éticamente correcto?

¿El ciudadano de la calle, el que no tiene llegada al Palacio ni a sus círculos de poder, esperaba eso de sus gobernantes?

¿Cuál es el estándar mínimo que los ecuatorianos exigimos a nuestros gobernantes?

No creo que sea el de los casos mencionados.

¿Qué espera usted, amigo lector, de los políticos a cargo del gobierno del Estado? ¿Bailes, giras, gritos, mentiras, ligereza y falta de decoro? ¿Qué los hace diferentes, entonces, para merecer el privilegio de ejercer el poder a nombre de todos los demás?

Seguimos a oscuras en el Ecuador; solo que hemos pasado de la mal llamada larga noche neoliberal, a la desesperante oscuridad de democracia, gracias a la falta de transparencia en el manejo de la cosa pública y la consecuente irresponsabilidad de los políticos del siglo XXI frente a sus electores.
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