Viernes 20 de junio del 2008 El País

Poblaciones aledañas a presa Mazar padecen problemas

AZOGUES

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CAÑAR, Cañar. Desde San Antonio de Zhoray, parroquia Pindilig, Esthela García observa las obras de la presa Mazar.

Las explosiones que se dan en las obras de este  proyecto causan fisuras en viviendas.

“¡Bum!, hace a cada rato y la casa tiembla. Al principio las guaguas corrían y gritaban ‘¡mamita, mamita, se cae la casa!’”, dice Mariana García, habitante del caserío San Jacinto, en la comuna Shal, de la parroquia Pindilig, en el cantón Azogues.

García se refiere a las explosiones que desde hace dos años empezaron con la construcción de la presa Mazar y, junto con ellas, agrietamientos en varias viviendas de la comunidad cercana al cauce del río Mazar, donde se formará la cola del embalse.

En este sector, las riberas del río también se desmoronan. Wilson García, presidente de la comuna en la que residen 175 familias, teme que cuando el embalse inunde los terrenos de su comunidad, los deslizamientos afecten a la población.

“Conocemos que existe un plan de mitigación ambiental que la empresa Hidropaute ejecutará con las comunidades afectadas, pero hasta la fecha aquí solo construye una casa comunal, mas nosotros pedimos ayuda para los daños en la tierra”, asegura García.

Otras comunidades de las parroquias Taday, Pindilig y La Rivera, en Cañar, se quejan de la misma situación. 

En la comunidad San Antonio de Zhoray, al menos 25 familias perderán parte de sus terrenos y algunos aún no reciben indemnización.

“Sé que la familia Calle recibió $ 3.500 por tres hectáreas y se fue a vivir a Cuenca, pero dicen que quieren pagar $ 0,70, y así nos paguen más yo quiero seguir viviendo aquí”, afirma Esthela García.

Desde esta comunidad se ve gran parte de la inmensa obra de la represa y, en la zona baja, se oye el ruido de volquetes y el estruendo de la dinamita.

Lo mismo ocurre en la comuna La Letra, en el kilómetro 55 de la vía Azogues-Matrama-Mazar, y a 5 kilómetros de la construcción de la represa. Allí, Yolanda Méndez teme perder su segunda casa.

Por la primera recibió $ 2.000 y por ahí pasa ahora la carretera; la nueva casa que construyó está cuarteada, un pilar del techo se desprendió y las paredes del baño tienen una inclinación de unos 20 cm.

“Si esta casa se cae, no tengo adonde ir; y cuando mi esposo reclama en Hidropaute, le dicen que la empresa no tiene nada que ver”, señala Méndez.

De la misma situación se quejan otras comunidades ubicadas al margen izquierdo del río Paute, que alimentará la presa y que pertenece al Azuay.

Aquí poblaciones de las parroquias Amaluza, Palmas y el cantón Sevilla de Oro tienen los mismos problemas, pero también les afecta el deterioro de la ruta Sevilla-San Pablo-Guarumales-Méndez.

En esta vía los hundimientos, baches y deslizamientos tornan difícil la circulación vehicular.
El País

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