La Guardia Civil española desmanteló en la ciudad de Segovia una red de
falsificación de contratos de trabajo a extranjeros, en una operación que se
saldó con la detención de 11 personas, entre esos un ecuatoriano.
Los arrestados intervinieron, presuntamente, en la falsificación de más de
400 contratos en los últimos tres años, según informó hoy la Dirección General
de la Policía y la Guardia Civil.
Esta operación policial, denominada "Pasarela", ha servido para descubrir un
entramado con sede en Segovia y con ramificaciones en distintas provincias de
todo el territorio español, incluida Madrid.
Las investigaciones se iniciaron en diciembre de 2007, cuando la Guardia
Civil detectó los contratos irregulares que estaban realizando algunos
empresarios de la construcción a ciudadanos extranjeros que, una vez en España,
no llevaban a cabo la función laboral para la que supuestamente se les había
contratado.
Las primeras investigaciones permitieron descubrir que esos trabajadores
habían pagado importantes cantidades de dinero en sus países de origen por sus
contratos.
Latinoamericanos involucrados
Posteriormente, se averiguó que un empresario español, otro ecuatoriano y
otro marroquí con residencia en Segovia, estaban obteniendo importantes
beneficios facilitando los contratos a personas principalmente de origen
marroquí, aunque también se han detectado trabajadores búlgaros, colombianos y
ecuatorianos.
Los empresarios detenidos en la provincia de Segovia son J.P.C., de 30 años y
nacionalidad española; H.L., de 48 años y de nacionalidad marroquí; y P.V.U.V.,
ecuatoriano de 26 años.
Los intermediarios detenidos son el colombiano L.U.V., de 28 años; y los
marroquíes M.J., de 47 años; A.Y. de 50 años; y F.E.B., de 41 años.
Otras cuatro personas, todas de nacionalidad marroquí, fueron arrestadas por
su implicación en esta trama en otras provincias españolas, como Murcia,
Alicante y Pamplona.
Asimismo, se localizaron 31 posibles víctimas, -entre ellas siete marroquíes,
un búlgaro, un ecuatoriano y dos colombianos-, que habían pagado diferentes
cantidades de dinero por su contrato de trabajo y que en algunos casos no habían
trabajado ni un solo día en la empresa contratante.
Las investigaciones determinaron que los empresarios detenidos captaban al
trabajador en su país de origen a través de intermediarios y le pedían una
cantidad de dinero que rondaba entre los 6.000 y los 10.000 euros, para su
regularización y posterior contratación con su empresa.
Una vez realizaban el pago, siempre en mano y a un intermediario, le
tramitaban la documentación para poder venir a España con un contrato de
trabajo.
A su llegada a España para cumplir con ese contrato laboral, descubrían que
no disponían del trabajo comprometido, teniendo que buscarse otros medios de
vida para poder subsistir y poder cumplir con los pagos para saldar las
deudas.
Los detenidos obligaban a firmar a los contratados que se personaban en la
sede de la empresa un documento que no entendían, por desconocimiento del idioma
y falta de asesoramiento, que resultaba ser la baja voluntaria de la empresa,
que les permitía justificar la ausencia del trabajador en caso de una
inspección.