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Los maestros ecuatorianos sufren ya de demasiadas carencias como para que ahora se les agregue una burla del Estado.
Me explico mejor.
Cuando Alfredo Palacio ocupó el cargo de presidente de la República, le ofreció a los docentes que hubiesen cumplido cierta edad y tiempo de trabajo, un incentivo para que se jubilen. La cifra no era muy alta, doce mil dólares, pero lo importante fue el gesto de reconocer por fin que si queremos renovar el magisterio para tener una mejor educación, hay que invertir.
Más adelante, la Asamblea Constituyente, sin que nadie se lo pida, modificó ese compromiso y con el Mandato dos elevó el monto máximo por jubilación a cuarenta mil dólares. Me imagino que habrá influido el hecho de que el magisterio apoyó desde el inicio a este Gobierno, y alguien pensó que era bueno consolidar esa simpatía, para que mañana se traduzca en votos en el referéndum.
En todo caso, muchísimos maestros ya mayores comenzaron a hacer sus planes personales. Por fin podrían descansar, después de tantos sacrificios.
Pero ahora, sin ningún aviso ni consulta, el Gobierno les advierte que no hará caso de lo que resolvió la Asamblea “con plenos poderes” y solo reconocerá los doce mil dólares originales.
Hasta donde conozco, el régimen no ha dado ninguna explicación para este cambio inesperado. Me cuentan que extraoficialmente algún funcionario ha dicho que cuarenta mil dólares es “mucho dinero”. Me imagino que si yo fuera maestro y hubiese entregado mi vida para enseñarles a los niños en un aula que se cae a pedazos, comprando las tizas de mi magro salario, y cobrando cada dos y tres meses con atraso, seguramente opinaría de otro modo.
Pero lo que aquí verdaderamente importa es por qué el Gobierno cambió de opinión. Y yo no tengo ninguna duda, como en todo lo demás, de que se trata de un asunto de votos y de encuestas.
En concreto, lo que ocurre es que el Gobierno necesita más dinero para subsidios. No es que le falte plata, no, sino que legalmente el gasto corriente no puede sobrepasar cierto porcentaje del presupuesto, y con todo el dinero que el régimen ha repartido aquí y allá, en buena parte ese cupo se está llenando. Porque los subsidios son gasto corriente.
Mientras tanto, siguen subiendo los precios, así que ahora, para no perder votos, la Revolución Ciudadana necesita regalar subsidios a más personas, duplicar el bono de la pobreza, entregarles algunas migajas a los campesinos arroceros, multiplicar el bono de la vivienda y quién sabe cuánta cosa más.
Porque todo el mundo lo dice: tal como están las cosas, se corre el riesgo de que el NO gane en el referéndum; y no hay mejor manera de evitarlo que comprando votos.
Pobres maestros, resulta que alguien cree que el voto de ellos está asegurado por la presencia del MPD en la alianza de Gobierno, así que entraron a la lista negra. Les quitarán sus cuarenta mil dólares porque no importan en las encuestas.
Así es la Revolución Ciudadana. Todo por la educación… siempre y cuando no cueste votos. |