miércoles 18 de junio del 2008 Columnistas

¿Es clave el seguimiento?

En el lenguaje común solemos utilizar la expresión “hacer el seguimiento” y, como quería usarla en este trabajo, revisé su significado académico.

El DRAE expresa que es la acción y efecto de seguir o seguirse.

Para el verbo seguir presenta quince acepciones, en la edición que tengo ante mí, y ninguna de ellas revela exactamente la actividad a la que me quiero referir.

Algunas se aproximan, por ejemplo:

-Dirigir la vista hacia un objeto que se mueve y mantener la visión de él.

-Proseguir o continuar lo empezado.

-Observar atentamente el curso de un negocio o los movimientos de una persona o cosa.

-Tratar o manejar un negocio o pleito, haciendo las diligencias conducentes para su logro.

-Dirigir una cosa por el camino o método adecuado, sin apartarse del intento.

Así que, sumándolas y añadiendo algo más, seguramente podemos concluir, si se incluye usted, que hacer el seguimiento de una orden o de un plan es verificar que lo ordenado o planificado se ha cumplido o se está cumpliendo en el tiempo y en los términos decididos o convenidos.

¿Por qué traigo a colación este tema? Porque en las últimas semanas se ha podido apreciar el enojo del presidente Rafael Correa al verificar que algunas de sus órdenes o de sus planes no se han cumplido como él esperaba.

¿Por qué?, me pregunté y deduje que eso ocurre cuando, de alguna manera, la información no fluye como debe.

Esa fue la conclusión a la que había llegado al redactar mi artículo ‘¿Presidente desinformado?’, que publicó EL UNIVERSO el 27 de noviembre del 2002, en el que afirmé que:

“La planificación, la ejecución, el seguimiento y el control de toda administración y, por lo tanto, su éxito, dependen de la información que se tenga”.

Por eso los canales de información son esenciales, y cerrarlos u obstaculizarlos, de cualquier forma, conspira contra el logro de las metas.

No es difícil concluir que quienes logran controlar el flujo de las informaciones tienen el poder real, en cualquier institución: sea la familia, la empresa, el gremio, etcétera, porque el transmitirlas o suprimirlas, total o parcialmente, influye en la vida y el destino de ellas.

Ese control en manos ambiciosas o malintencionadas puede, incluso, degenerar en manipulación dolosa en beneficio particular o grupal, y no general o institucional.

Por eso es bueno que un administrador responsable haga personalmente el seguimiento de sus órdenes o sus planes, para verificar por sí mismo si se cumplen o no, en el tiempo y en la forma proyectada.

La “política” nacional y local, empresarial y gremial, social y familiar, requiere de personas que ejerzan un liderazgo comunitario o individual, capaces de hacer ese seguimiento que permitirá evitar frustraciones y alcanzar las metas.

¿Cree que es clave el seguimiento?

¿Sería tan amable en darme su opinión?
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