En el lenguaje común solemos utilizar la expresión “hacer el seguimiento” y, como quería usarla en este trabajo, revisé su significado académico.
El DRAE expresa que es la acción y efecto de seguir o seguirse.
Para el verbo seguir presenta quince acepciones, en la edición que tengo ante mí, y ninguna de ellas revela exactamente la actividad a la que me quiero referir.
Algunas se aproximan, por ejemplo:
-Dirigir la vista hacia un objeto que se mueve y mantener la visión de él.
-Proseguir o continuar lo empezado.
-Observar atentamente el curso de un negocio o los movimientos de una persona o cosa.
-Tratar o manejar un negocio o pleito, haciendo las diligencias conducentes para su logro.
-Dirigir una cosa por el camino o método adecuado, sin apartarse del intento.
Así que, sumándolas y añadiendo algo más, seguramente podemos concluir, si se incluye usted, que hacer el seguimiento de una orden o de un plan es verificar que lo ordenado o planificado se ha cumplido o se está cumpliendo en el tiempo y en los términos decididos o convenidos.
¿Por qué traigo a colación este tema? Porque en las últimas semanas se ha podido apreciar el enojo del presidente Rafael Correa al verificar que algunas de sus órdenes o de sus planes no se han cumplido como él esperaba.
¿Por qué?, me pregunté y deduje que eso ocurre cuando, de alguna manera, la información no fluye como debe.
Esa fue la conclusión a la que había llegado al redactar mi artículo ‘¿Presidente desinformado?’, que publicó EL UNIVERSO el 27 de noviembre del 2002, en el que afirmé que:
“La planificación, la ejecución, el seguimiento y el control de toda administración y, por lo tanto, su éxito, dependen de la información que se tenga”.
Por eso los canales de información son esenciales, y cerrarlos u obstaculizarlos, de cualquier forma, conspira contra el logro de las metas.
No es difícil concluir que quienes logran controlar el flujo de las informaciones tienen el poder real, en cualquier institución: sea la familia, la empresa, el gremio, etcétera, porque el transmitirlas o suprimirlas, total o parcialmente, influye en la vida y el destino de ellas.
Ese control en manos ambiciosas o malintencionadas puede, incluso, degenerar en manipulación dolosa en beneficio particular o grupal, y no general o institucional.
Por eso es bueno que un administrador responsable haga personalmente el seguimiento de sus órdenes o sus planes, para verificar por sí mismo si se cumplen o no, en el tiempo y en la forma proyectada.
La “política” nacional y local, empresarial y gremial, social y familiar, requiere de personas que ejerzan un liderazgo comunitario o individual, capaces de hacer ese seguimiento que permitirá evitar frustraciones y alcanzar las metas.
¿Cree que es clave el seguimiento?
¿Sería tan amable en darme su opinión?