Antes de posesionarse como presidente, el paraguayo Fernando Lugo cumplió ayer con su promesa de volver a estas poblaciones, donde empezó su camino como sacerdote, hace casi tres décadas.
Y lo hizo, entre otras cosas para probarse la banda de mando que bordaron para él las monjas del convento de las Madres Carmelitas.
El mandatario Rafael Correa acompañó a Lugo en su reencuentro con los bolivarenses, a quienes sugirió darle “un Sí” a los cambios.
El presidente de Paraguay, Fernando Lugo, recibió condecoraciones y su banda presidencial.
Por donde pasaba derramaba alegría. Fernando, le gritaban y él les respondía con una amplia sonrisa. Las lágrimas se le querían escapar a Nancy Ortiz, de 43 años.
Memorias y recuerdos se le cruzaron en ese momento cuando fue su alumna y catequista en el colegio Marianitas de Guaranda. Veintiséis años debió esperar para volver a verlo. “Después del padre Lugo no ha habido otro igual”, dice.
Ex alumnos, profesores, amigos, religiosos le dieron la bienvenida al sacerdote paraguayo y recién elegido presidente de esa nación sudamericana, Fernando Lugo Méndez.
El eufórico y bullicioso recibimiento que tuvo Lugo tras descender del helicóptero en el estadio de la Liga Deportiva de Bolívar, a las 08:00 de ayer, contrastó con lo que fue su primera llegada en 1982, cuando su labor silenciosa se gestaba entre los jóvenes y para muchos su presencia pasó desapercibida.
Lugo, quien llegó acompañado de su homólogo ecuatoriano, Rafael Correa, recordó ese episodio en la Universidad Estatal de Bolívar donde recibió un homenaje y el doctorado Honoris Causa por su labor docente y misionera.
El presidente recién electo no olvidó mencionar a sus amigos campesinos, obreros, incluso la indígena que vendía fritada en las Cuatro esquinas.
“Guaranda de alguna manera selló mi vida pastoral”, dijo emocionado y recordó cuando en diciembre del 2006 tuvo la noche más larga de su vida al analizar la decisión de dejar el ejercicio sacerdotal para formar parte de un frente político solicitado en miles de firmas de campesinos y obreros de Paraguay.
En las calles los colores rojo, blanco y azul de la bandera paraguaya eran agitadas de manos de cientos de niños que se acomodaron en las aceras de las calles de la ciudad.
Con la misma emoción fue recibido en el convento de las Madres Carmelitas, donde se probó la banda presidencial, que fue elaborada por las religiosas.
El recorrido continuó en el colegio Verbo Divino, donde Lugo fue profesor. Ahí se reencontró con viejos amigos y profesores, en medio de la algarabía y el júbilo.
Pero lo mejor no había llegado. A las 14:00 una sirena de la iglesia en el cantón Echeandía anunciaba la llegada de su hijo predilecto, que se asomaba a bordo de un helicóptero.
Las calles se abarrotaron de gente. Una marea multicolor de banderas de los dos países se agitaban sobre las manos extendidas de niños, jóvenes y adultos. Ahí estaban los miembros del equipo deportivo Scorpions, del cual Lugo fue su capitán, también Carmen Minchala, a quien el sacerdote consideraba su segunda madre.
La emoción se le salía por los poros a Lugo que no dejaba de sonreír y buscar con la mirada a sus amigos.
En la misma iglesia donde fue párroco asistió como invitado a una homilía, al final destacó su labor y misión como pastor de ovejas.
Pero los homenajes no terminaban para Lugo, quien tras la misa, sobre una tarima en el parque central, recibió el afecto de la gente que le obsequió sombreros, naranjas, placas de reconocimiento y el tradicional licor Pájaro Azul con el que brindó junto a Correa.
Lo que se dijo
Fernando Lugo
PARAGUAY
“La política no es mala. La política no es otra cosa que la herramienta eficaz para devolver la dignidad a los que se les negó”.
Rafael Correa
ECUADOR
“Mil veces Sí a este cambio, a la nueva Constitución”.