Martes 17 de junio del 2008 Cultura

Una feria novedosa

EFE | MADRID

Concluyó el encuentro literario de Madrid

Este año la cita tuvo como invitada de honor a la producción de Latinoamérica.

La Feria del Libro de Madrid, que cerró sus puertas el pasado domingo, ha consolidado su condición de mercado donde descubrir nuevas propuestas literarias y de  foro de actividades lúdicas para atraer a   potenciales lectores.

Un paseo por los Jardines del Buen Retiro, donde se ubica la feria, permitió darse cuenta de que es, en primer lugar, un bazar en el que adentrarse y encontrar todo tipo de posibilidades literarias.

Así, junto al ensayo más reciente de la diva anti-globalización Naomi Klein se presentó un volumen para practicar en casa el método de ejercicios Pilates o los ya habituales libros de autoayuda. Hubo quien promovió el conocimiento de las sustancias psicotrópicas, al menos en un plano teórico. Aunque este año la meteorología no acompañó, la asistencia no faltó, bien sea para comprar o simplemente para mirar los mostradores.

Por eso, a veces, las filas fueron más largas en el puesto de información o en el cajero automático dispuesto por un banco, sin olvidar que, los días de más calor, las terrazas de los bares estuvieron solicitadas.

Para filas, las organizadas en algunos puestos que contaron con autores célebres dispuestos a firmar a los lectores ejemplares de sus libros (en esta lid la palma se la ha llevado Carlos Ruiz Zafón).

Editoriales e instituciones públicas y privadas programaron actos para complementar la actividad mercantil de la Feria y cada día se pudo asistir a debates y conferencias.

Actividades que en esta edición han estado marcadas por el protagonismo de Latinoamérica, invitada de honor que vio el interés impresionante que despierta entre los lectores la creación literaria que surge en la otra orilla del Atlántico.

Otra de las iniciativas con más éxito fue la celebración de talleres y de cuenta-cuentos. Los niños fueron una apuesta clara de la Feria, no solo porque son los lectores del futuro, sino porque tenerlos entretenidos permitió que sus padres puedan llevarlos y aprovechar para pasar la tarde.

Hubo que fijarse en sus caras de atención mientras un guiñol o un cuenta-cuentos narra una historia o cuando esperan recibir un globo o algún obsequio en alguna caseta. También los adultos tuvieron su oportunidad de distraerse con algún juego, como el  organizado por una editorial, basado en El laberinto de la rosa, un libro de Tintania Hardie.

Otros sellos aprovecharon para sacar productos que se alejaban de lo habitual, como los libros que se pueden sumergir, apropiados para la época de playa y piscina, impresos sobre un papel sintético en offset con tinta adaptada y cosidos con hilo vegetal. Mientras se ojean algunos libros fue posible departir con otros visitantes.

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