Con el cinismo que lo caracteriza, Chávez ha llegado a la conclusión de que es una batalla perdida la de poner en duda la autenticidad de los archivos encontrados en las computadoras de Reyes, y que siendo la información contenida en ellos de suma gravedad para su supervivencia política y hasta, por qué no, para su seguridad personal, más le conviene entenderse con Uribe.
El terrorismo y el narcotráfico no son broma después de todo. Son delitos perseguibles mundialmente y prácticamente imprescriptibles, hasta para sus encubridores. A nadie, incluyendo presidentes o ex presidentes, ministros o ex ministros, le gustaría pasar el susto que pasó Pinochet, cuando fue detenido en Londres por violación de otro delito internacional.
Una vez que la Interpol dio su informe confirmando la autenticidad de los archivos electrónicos, varios gobiernos –seis hasta el momento– han comenzado a solicitar esa información para adoptar medidas en sus jurisdicciones contra los vínculos delincuenciales de las FARC.
En algunos casos ya se han hecho detenciones como el de un traficante de armas. España se ha interesado en las conexiones que, según las computadoras, se venían hilvanando entre las FARC y ETA. Recordemos que entre los “invitados” al cónclave bolivariano en Quito había un delegado de la organización terrorista vasca.
Poco a poco se ha ido comprobando, no solo que la información es auténtica, capítulo ya cerrado por la Interpol, sino también que es una información veraz y sobre todo útil para desbaratar una de las peores redes internacionales del crimen organizado.
Es decir, la noche del 1 de marzo el narcoterrorismo recibió un doble y durísimo golpe, en beneficio del mundo entero. Y es que la información contenida en esas computadoras ha sido probablemente tan o más devastadora para las FARC y sus amigos que la propia muerte de Reyes y sus cómplices. Es como haber encontrado la libreta de direcciones de Al Capone.
Para asombro de la comunidad internacional, sin embargo, el Gobierno ecuatoriano sigue solitariamente empeñado en impugnar el informe de la Interpol con absurdos (su informe es bueno, cuando dice que la cadena de custodia fue interrumpida, pero es malo cuando dice –y que es lo que importa realmente– que la información no fue manipulada…) y hasta tratando de desprestigiarla como institución. Hace poco gracias a su trabajo un ex paramilitar colombiano fue apresado en Quito. Claro, como se trataba de un dirigente de derecha, en ese caso la Interpol es buena.
Como en otras situaciones, ahora se aprestan a distraernos con un informe forense al que le harán decir que fue una masacre, para pedirnos que lloremos. Todo con tal de no admitir los errores, corregir las equivocaciones, investigar seriamente quién hizo qué y por qué, e imponer las sanciones del caso.
Mientras el daño internacional al Ecuador ya está hecho. Pero al menos uno de los albaceas de Reyes ha aprendido que con el terrorismo y narcotráfico no se juega. El otro, más inexperto, sigue ensimismado, confiado en que su dictadura no tendrá fin.