El viernes, desde las 20:00 hasta las 23:30, Guayaquil vibró con su música.
La música y la danza folclórica de Argentina y Bolivia hallaron espacio en la plataforma del MAAC. Fue el viernes pasado, cuando Abel Visconti repasó junto con Caril Paura –su ahora compañero de carrera– y más de 2.000 seguidores las composiciones que popularizó con su hermano Víctor (fallecido en abril del 2005).
Siento que él nos acompaña siempre, dijo el sobreviviente del dúo Los Visconti, que se inició en la música en los sesenta. Sobre el escenario, Abelito (como lo llamaba su hermano) hizo gala de su destreza con la guitarra acústica al interpretar sambas y valses, pero también compartió sus sentidas y a la vez jocosas coplas.
Mama vieja, Merceditas, Siempre solo, Ódiame, Alma mía, y Yo vendo unos ojos negros fueron parte de la veintena de canciones que los argentinos interpretaron en la hora y media que duró su presentación.
El público los ovacionó y también cantó el feliz cumpleaños a Abelito. Él y Caril se despidieron por dos ocasiones, pero de pie la audiencia pedía “otra, otra, otra”. Ellos la complacieron, pero a las 21:30 se fueron.
Mientras Los Kjarkas se preparaban, Xavier Acurio, conocido en los micrófonos de radio Canela como el padre Benito Cámelas, distrajo a los presentes con sus chistes. Luego, sin más preámbulos, llamó a los seis integrantes del grupo boliviano, que vestidos con ponchos y con Gonzalo Hermosa a la cabeza dijeron estar listos para “hacer un recorrido musical a su pasado y presente”.
El vocalista Elmer Hermosa hizo suyo el bolero Mi buen amor y la gente deliró. Le siguieron Quiero ser tu amor, El picaflor, En la soledad, Siempre adorarte, Son tantas noches, Tiempo al tiempo, El arbolito, Ayayay y una decena de canciones, interpretadas en géneros como huayño, kantu, toba y salla, y con instrumentos igualmente autóctonos, como charangos, quenas, zampoñas y ronrocos.
En sus dos horas de show, matizadas con la actuación de danzantes, Los Kjarkas provocaron aplausos, lágrimas y suspiros.