lunes 16 de junio del 2008 Columnistas

Pobre Perú, ¿tiene Ecuador algo que aprender?

¿Qué efectos puede tener nuestro bajo crecimiento económico sobre pobreza, ingreso per cápita y desigualdad? Estos tres indicadores, a los que habría que añadir un cuarto sobre medio ambiente, permiten evaluar la solidez y calidad del desarrollo. Un análisis comparativo de dos países vecinos, Ecuador y Perú, puede arrojar algunas pistas interesantes.

En lo que va de esta década, Ecuador ha tenido una tasa de crecimiento cercana al 4%, mientras que Perú se acerca al 6%, una diferencia de 2 puntos porcentuales. En los últimos tres años, las diferencias se han vuelto aun más grandes: Perú crece sobre el 7% y Ecuador   alrededor del 3%. En otras palabras, no solamente hay diferencias en las tasas de crecimiento sino que ellas se agrandan.

Un estudio minucioso hecho por equipos de investigadores liderados por Carlos Larrea en Ecuador y Javier Escobal  en Perú, ambos asociados a un estudio de Rimisp, la institución en que soy investigador principal, permite analizar a nivel parroquial en el caso de Ecuador y provincial en el caso de Perú, la evolución de los tres indicadores antes mencionados entre los noventa y la década presente. En el caso de Ecuador: solo en el 0,8% de las parroquias con apenas el 7,5% de la población, el ingreso crece y la pobreza y la desigualdad disminuyen. En el caso de Perú, las provincias con esa evolución favorable son el 22%, con el 41,5% de la población. En la situación inversa, es decir, parroquias o provincias según el país, donde empeoró el ingreso y aumentaron la pobreza y la desigualdad, se encuentra el 48,4% de la población en el caso de Ecuador y 8% en el caso de Perú.

Obviamente hay que mencionar que no se puede establecer una causalidad directa entre crecimiento y estos indicadores y que seguramente hay otras variables intervinientes, como política social, así como factores específicamente territoriales, como la calidad de los gobiernos locales y provinciales, pero las diferencias son sorprendentes y la relación, al menos digna de tomarse en cuenta.

La geografía de las zonas con comportamiento positivo es también interesante comentar. En el caso de Perú, ese crecimiento se asienta en la región costera y en varias provincias amazónicas, pero no están enteramente ausentes de la Sierra. En el caso de Ecuador, las zonas ganadoras son en general dispersas, pero con mayor presencia en la Sierra y en el noroccidente de Pichincha. Por el contrario, en la Amazonía y buena parte de la Costa, la evolución ha sido negativa. En general, las zonas de mayor crecimiento  parecen estar asociadas a lugares donde se han desarrollado nuevas exportaciones, como flores, hortalizas y frutas. Estas, contrariamente a petróleo, parecen tener un efecto multiplicador sobre el bienestar del territorio donde se localizan.

Ecuador tiene mucho que aprender de Perú. La persistencia y continuidad de sus políticas macroeconómicas y comerciales  han tenido efectos sobre el ingreso de sus habitantes, la pobreza y la desigualdad, no siempre en la dirección que proyecta la imagen de Perú como un país que crece, descuidando el costo social de sus políticas.
Tampoco, un crecimiento asociado a exportaciones y a la globalización es siempre perverso. Obviamente y como lo han señalado varios investigadores, Perú tiene mucho que mejorar en el desarrollo de instituciones, políticas sociales y de desarrollo regional, pero las bases económicas de nuestro vecino parecen ser bastante más sólidas que las nuestras.
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