Lunes 16 de junio del 2008 Deportes

Fiesta se enfrió en Guayaquil y Quito

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Juan Carlos Ruiz (c) festejó eufórico el gol de Patricio Urrutia, que ayer le daba la ventaja 1-0 a Ecuador.

Miles de hinchasde la Tri se alistaban para celebrar, pero el empate los frenó.

Se jugaban tres minutos de adición, de los cuatro dispuestos por el árbitro boliviano René Ortubé. La sonrisa de los aficionados que disfrutaban el encuentro entre Ecuador y Argentina se borró repentinamente. La fiesta ya no estalló.

Rodrigo Palacio, con un gol de última hora (90m+3) congeló las sonrisas de aficionados que vieron el duelo en varios puntos de Guayaquil. Mientras el atacante gaucho festejaba, en la ciudad la alegría de los hinchas se iba irremediablemente.

La decepción no solo se originó  por el gol que provocó el empate a 1 de  los dirigidos por Sixto Vizuete ante los albicelestes, sino también por  la forma cómo se produjo. Porque de tajo cortó una celebración que parecía inminente.  Guayaquil fue un muestrario de rostros desencajados, entre los que vieron el juego en bares o  reunidos fuera  de sus casas. Buscaban una explicación.

“¡No puede ser!”, “¡Esto es injusto!”, “¡Pudimos haber ganado!” “¡Maldición!”...esas fueron las frases que  se repitieron con más frecuencia. Minutos antes gritaban “¡Sí se pudo!, ¡sí se pudo!”.

Durante el encuentro  varias de las principales calles y avenidas de Guayaquil lucieron desoladas y las pocas personas que transitaban llevaban consigo algún distintivo de la Tri.

“Un gol en el último minutos nos cortó la alegría que teníamos. El fútbol es así de injusto solo queda conformarnos con el punto”, dijo Juan Ruiz, un aficionado que disfrutó el encuentro en un bar de Sauces II.

“No lo puedo creer, estuvimos a punto de hacer historia en Argentina.
La Selección jugó bien pero nos empataron”, expresó el aficionado Daniel Olmos.

Lamentos en Quito
Mientras que en Quito los hinchas vivieron una situación similar a Guayaquil.

Nadie se atrevía a celebrar. Ninguna palabra de consuelo bastaba. Las frases de los comentaristas estaban demás, parecía que la Selección hubiera sido derrotada por una goleada.

Ni en la plaza Quinde (sector calle Foch) ni en el Quicentro Shopping de la capital, se podía asumir el empate ecuatoriano. Hubo lágrimas sentidas, como en todos las lugares del país.

El triunfo ya era nuestro hasta el minuto 93 y de repente, en la última jugada de los descuentos llegó el tanto de Argentina. Fue directo al corazón. Dejó sin vida a  bares y centros comerciales.

Antes, al minuto 69,  la jugada de Carlos Tenorio y el tanto de Patricio Urrutia enloqueció a la plaza Quinde. Las luces, los abrazos, la pileta  se colmaban con el grito sentido de la hazaña del equipo que nos representa.

En el Quicentro, niños y niñas corrían por los pasillos de un local a otro. Había que empujar para hacerse un espacio y ver en un televisor plasma el tanto del Patogol, como se le conoce al jugador de Liga de Quito.

Después todo fue sufrimiento. Cada avance quebraba el ánimo, pero también llenaba de esperanza. José Francisco Cevallos era aclamado: “Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, ese sí es un arquero...”.

Ni el gran portero de Liga de Quito, que es parte del equipo que llegó a la final de Copa Libertadores, pudo impedir la decepción. Habíamos igualado al final y el retiro de la gente fue inmediato. Solo quedaron lamentos.

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