La laboriosa tarea de extraer de las rosas su esencia para venderla a los principales fabricantes de fragancias atraviesa una penuria de mano de obra en Bulgaria, cuna de este producto, por el que por un litro se necesita tratar un millón de flores en 24 horas.
En el Valle de las Rosas, que flanquea la cadena montañosa de los Balcanes en el centro de Bulgaria, solo se recogen las rosas 'damascena' más abiertas, por su alta concentración de esencia. De esta, el país exporta 1,5 millones de toneladas al año.
Su cultivo es delicado: para extraer un kilo de esencia de rosa pura se necesitan entre 3 y 3,5 toneladas de pétalos, es decir, un millón de flores, que deben tratarse en un plazo máximo de 24 horas.
Las técnicas de destilación son variadas pero celosamente guardadas en secreto por los productores, que solo ofrecen como pista que el principio básico de la esencia de rosa es que no es soluble en agua.
"El aroma y las características químicas de la esencia de rosa búlgara son diferentes del resto, y los expertos en fragancias aseguran que nuestro producto ofrece mejores posibilidades de creación", explica Juliana Ognyanova, de la empresa Bulattars, propietaria de 75 hectáreas de jardines en el Valle de las Rosas.
"El cultivo de rosas es un trabajo manual en un 90% y encontrar trabajadores es un problema mayor. En épocas anteriores, en ocasiones no había rosas, ahora, las hay, pero no hay nadie para recogerlas", lamenta.
Bulattars emplea a al menos 600 temporeros durante la cosecha, entre mayo y junio.
"Contratamos sobre todo a jubilados y a gitanos. Los jóvenes ya no quieren trabajar en el campo y prefieren los empleos temporales en Grecia, Chipre, Gran Bretaña o España, donde son mejor pagados", admite Ognyanova.
El Valle de las Rosas requiere 35.000 empleados únicamente para la cosecha, mientras que en las destilerías la falta de expertos es acuciante.
"Mis técnicos son algo así como los últimos mohicanos del sector. Los nuevos expertos salen de la universidad pero necesitan al menos cinco años de experiencia", destaca por su parte Filip Lissitcharov, propietario de cuatro destilerías en la aldea de Tarnitchane.
Su empresa, Enio Bonchev Productions, por el nombre de su bisabuelo, es una de los cinco principales exportadoras de esencia de rosa en el país y entre sus clientes figuran fabricantes de perfumes de Estados Unidos, Francia, Alemania o Japón.
Según estadísticas oficiales, Bulgaria exporta entre 1,3 y 1,5 toneladas de esencia de rosa anuales producidas a partir de 3.200 hectáreas de plantaciones, a un precio de venta entre 4.800 y 5.000 euros el kilo.