Lunes 16 de junio del 2008 | 09:30 El País

Madres Carmelitas preparadas para entregar banda a Fernando Lugo

Reuters | GUARANDA, Ecuador

Acostumbradas a la vida contemplativa de su convento de clausura en Guaranda, un pequeño pueblo en los andes ecuatorianos, las hermanas Carmelitas no comprenden a qué viene tanto alboroto por el bordado que le están haciendo a su amigo el padre Fernando.

Claro, se entiende mucho más cuando el "padre Fernando" resulta ser el ex obispo Fernando Lugo, presidente electo de Paraguay; y el bordado, el escudo que adornará la banda presidencial que llevará en su asunción como jefe de Estado del país sudamericano el próximo 15 de agosto.

El tranquilo devenir de esta congregación religiosa se ha visto truncado en los últimos días días por el revuelo que ha generado la llegada de Lugo, que el lunes visitará a las comunidades en las que pasó cuatro años de su juventud trabajando como profesor y misionero, como parte de su gira por Bolivia, Ecuador y Venezuela.

Esta vez no lo verán manejando una vieja moto, enfundado en unos jeans y calzando botas altas llenas de barro por su constante peregrinar por esta humilde zona del interior del país que se ha volcado con la visita del hijo pródigo.

Ahora regresa en helicóptero militar, con una apretada agenda oficial y acompañado por el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, meses después de quebrar seis décadas de dominio político del conservador Partido Colorado en Paraguay enarbolando la bandera del cambio.

Pese al boato presidencial y el acoso de la prensa, la hermana María Carmen está convencida de que Fernando no ha cambiado y que su alegría y su amor por los pobres es la misma que le llevó en 1978 a vivir a este pequeño enclave agrícola para luchar contra el azote de la miseria.

"Entiendo que haya levantado muchas esperanzas, porque él es un hombre honesto, no tiene ansia de poder o dinero. Además, el señor sabrá guiarlo para que tenga conciencia y voluntad para trabajar por los necesitados", dice muy seria esta monja de origen español a la que se le iluminan los ojos cuando habla del antiguo párroco.

Lugo ha asegurado que su misión pastoral en estas montañas le cambió para siempre la vida, pero también la de muchos jóvenes que se cruzaron en el camino de este párroco atípico que gustaba de dar catequesis al aire libre, tocar canciones de la Nueva Trova Cubana y jugar al baloncesto con los muchachos.

"Era un joven carismático, siempre sonriendo. Le gustaba la música, los deportes, venía a nuestras fiestas y nos invitaba de vez en cuando a tomar vino de consagrar", relata Galo Vásconez, ex alumno de Lugo, mientras desgrana anécdotas de un cura de 27 años con el cabello largo y la poblada barba desaliñada que enseñaba a los jóvenes a soñar con que otro mundo es posible.

Serenidad, valor, sabiduría

La hermana Graciela de Santa Teresita no lo conoció en esa época, pero también le ha cambiado la vida, aunque sea estas últimas semanas.

Desde que las carmelitas aceptaron confeccionar la banda presidencial, bordada con hilo de oro traído de España y terciopelos encargados en Colombia, ha sido eximida de sus labores conventuales para tener listo el trabajo, al que sólo le queda prendar las borlas que engalanarán la faja.

"Al principio me dio temor, porque es la representación de todo un país. Pero luego vi que no era tan difícil y me ilusioné mucho", asegura esta monja de voz suave y manos habilidosas que durante días ha cosido puntada tras puntada las filigranas del brillante escudo áureo.

A su lado, las hermanas María del Carmen y Lucía de Jesús María y José discuten animadamente sobre el lazo que remata la pieza en la cintura, mientras miran de reojo la guía que les envió la embajada paraguaya para confeccionarla.

"Pues a mí no me gusta así el nudo", se queja Carmen, quien a sus 75 años sigue cosiendo de manera prodigiosa.

"Pero es que así lo pone en las instrucciones", le replica divertida Lucía, la hermana colombiana que dirige con mano firme la congregación.

El lunes, en la misma iglesia en la que hace 30 años Lugo predicaba sobre la necesidad de ayudar a los desfavorecidos, las carmelitas probarán la banda al presidente electo para hacer los últimos ajustes.

Pese a las rectas directrices protocolares fijadas para elaborar la prenda, las hermanas se van a permitir la libertad de bordar bajo el escudo blanco y dorado una oración que va en línea con el discurso religioso y pragmático de Lugo:

"Señor, me pongo en tus manos, no me dejes sólo. Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquello que puedo cambiar y sabiduría para reconocer la diferencia entre estas dos cosas".

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