Lunes 16 de junio del 2008 Sucesos

Sicariato preocupa a las trabajadoras sexuales en Manta

MANTA, MANABÍ

En medio del temor por los peligros que implica ofrecer sus cuerpos en las calles de Manta, ante el aumento de asesinatos en la ciudad, algunas trabajadoras sexuales optaron por tomar medidas extremas de seguridad para evitar ser las próximas víctimas de los crímenes.

Los cuidados, que van desde subirse al vehículo de los clientes en grupo o ser más cautelosas en los comentarios que emiten, se intensificaron desde que en febrero pasado murió asesinada Paola Bone Segura, quien deambulaba entre dos bares ubicados en el malecón de Manta, en una esquina conocida por albergar mujeres que ofrecen favores sexuales a cambio de dinero.

Tras su muerte, el movimiento en el sector bancario y comercial se redujo. Los bares de la zona, a los que también entran estas mujeres, ahora lucen semivacíos.
En el sitio, el temor se denota además en los rostros de Yadira y Vero (así se identificaron), quienes prosiguen en la actividad pese a que dos de sus compañeras también fueron asesinadas en este año.

“Algunas de nosotras vimos a la persona que asesinó a Bone, porque aquí paramos todas”, comenta Yadira.

A Bone la asesinaron alrededor de las 22:00, cuando en febrero pasado aparecieron en la cuadra tres individuos en un taxi. Uno de ellos, de contextura gruesa, según dijo una de las damiselas testigos del crimen, fue quien disparó cuatro veces a esta esmeraldeña trigueña de cabellos rizados, luego de darle una bofetada.

Según las primeras investigaciones de la Fiscalía, el crimen se debió a que Bone conocía algunas de las andanzas en que habría incurrido uno de sus clientes, involucrado en actividades de tráfico de drogas.

El hecho está conectado con la muerte de Elsa Quevedo Ponce, la última trabajadora sexual asesinada el sábado 7 de junio pasado, según versiones de familiares de la víctima.

La Policía encontró a Quevedo en un basural de una zona marginal del cantón. Tenía tres heridas de bala y también laboraba en la cuadra del malecón en la que murió Bone.

Quevedo, de 28 años, habría identificado a los asesinos de Bone, y eso ocasionó que la mataran.

La guayaquileña Claudia Navarrete fue la segunda  asesinada en marzo pasado. Su cuerpo desnudo también fue hallado en un botadero.

A ella, quien trabajó como mesera en dos bares, la secuestraron cuando iba a una fiesta en el centro de Manta.

Vero, por su parte, dice que solo conoció a las tres víctimas de vista, pero ante sus muertes ahora recorre la cuadra con más cautela, e incluso le pide a los clientes que le permitan subirse al vehículo junto a otras compañeras. “A veces nos vamos en grupos para así cuidarnos entre nosotras”, comenta.

Investigación
La Policía considera que la actividad que realizan las trabajadoras sexuales se relaciona fácilmente con personas dedicadas a hechos ilícitos, que generalmente son quienes piden sus servicios.

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