Los roles masculinos
El niño va construyendo su mundo, a través de acciones constantes y de exploraciones, claro, todo esto por medio de percepciones parciales, así conoce primero a su madre y luego a su padre. Y se va formando la trilogía que le da equilibrio.
A partir más o menos de los tres meses ya hay permanencia en su mente de estas imágenes, a medida de su desarrollo se crea una simbología, es decir, para cada ser existe una interpretación de lo que significa este mundo paterno. Por ello lo primordial de su presencia.
A medida que se da el crecimiento es evidente que el niño observe a su padre y no tardará en comprender lo que le espera a él mismo en su futuro, así va observando cómo este ser se comporta afectivamente con su madre, cuál es su conducta en el hogar, observa si ayuda en las tareas, si es criticón con su medio, es tolerante, es respetuoso a su relación de amor con su esposa y su prole. El niño aprende y crece con valores, con criterios en función a esos seres que lo rodean. Él tendrá estas dos fuentes tanto de parte de la madre como del padre los pasos a seguir con los miembros de su entorno y más tarde con su medio, siempre comparando entre estas dos fuentes.
Es importante la educación a todo nivel para que el hombre pueda entender que su rol es muy valioso y aprenda a trabajar de manera total, es decir, en casa, en la escuela, etcétera, para no descargar en la mujer el cuidado del hogar y este olvidarse de su valiosa importancia participativa.
En muchas sociedades es la mujer la que transmite y mantiene el machismo, así ella permanece y busca esta situación a pesar de su queja frente a la misma. Por ejemplo, al niño no se lo deja que participe en las tareas del hogar, dice a sus hijas “atienda a sus hermanos, hijita”, considera que los niños no pueden jamás planchar, y si un joven cocina muchos de sus compañeros se burlan, si la casa está desordenada son las mujeres quienes la arreglan, los niños acuden a jugar fútbol o van a otras actividades.
El cambio es social y estructural para lograr la participación del hombre en todos los ámbitos de la vida. Es el cuestionamiento en la forma de transmitir en las escuelas las enseñanzas y lógicamente, cambiando la filosofía de vida en muchos de nuestros hogares.
Cuando el padre falta incluso en muchos casos esta ausencia está unida a enfermedades mentales, y a otros trastornos de personalidad. El padre tiene que entender que su participación es primordial. Tenemos que evitar en nuestro medio el abandono frecuente que hace el hombre a la mujer embarazada, y de ciertos padres que dejan el hogar sin mirar atrás jamás.
Fuente: Paquita Brito,
Psicóloga clínica y terapeuta.
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