La llegada del primer bebé es un momento inolvidable para los padres. El psiquiatra Eduardo Tigua indica que el área afectiva de los padres se genera porque estos empiezan a preocuparse por el futuro del bebé.
También asegura que existen experiencias prenatales, porque el niño es como una “antenita”, dentro del vientre materno tiene ya la capacidad de retención. Agrega que en las terapias de retorno, un adulto puede narrar hechos que vivió en el vientre materno.
En el artículo ‘Ha nacido un padre’, del suplemento Estampas del diario venezolano El Universal, el biólogo alemán Konrad Lorenz comparte que durante la primera hora después del nacimiento, el bebé reconocerá a su progenitor y se sentirá fuertemente vinculado a él, porque a ellos les ocurre algo parecido a los polluelos de los gansos, vinculan al primer ser vivo que ven, aunque la filiación humana es un proceso más complejo.
También recoge la teoría de la psicóloga inglesa Anne Bacus, quien asegura que durante los primeros meses de vida el bebé cree que su madre y él son la misma persona, entonces el padre representa el círculo exterior más cercano y es el encargado de agrandar su pequeño mundo. Si el papá se encarga de sus cuidados, el bebé se dará cuenta de que hay alguien más (aparte de mamá) que lo protege, y esto le proporcionará seguridad.
Según el psicólogo clínico Lenín Salmon, aunque el padre no sufre cambios físicos, se liberan hormonas que crean el llamado instinto paternal, y se empieza a ver al bebé como una extensión del amor, se crea un vínculo diferente con la madre, un amor por el hogar y no solo del uno hacia el otro.
Sin duda, el ver y tocar por primera vez al hijo es una emoción que los padres, sobre todo los primerizos, no pueden explicar. Ante esto, el biólogo Desmond Morris descubrió que a las mujeres se les dilata las pupilas al mirar a cualquier bebé, porque sienten interés y ternura por un recién nacido. En los hombres, las pupilas solo se dilatan cuando ven a su propio hijo y se contraen cuando observan a otros bebés.
En tanto a las miradas, el pediatra americano Barry Brazelton afirma que cuando el bebé sigue con la mirada y sonríe a su padre, le está mostrando su deseo de jugar, porque, aunque sea pequeño, sabe que los juegos de papá son más estimulantes que los de mamá (quien es más mimosa). Este contacto hace que el recién nacido tenga un mejor sentido del humor y a medida que crece sea más sociable.