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| El autoritario |
Este padre exhorta a sus hijos a que lo obedezcan siempre como si estuvieran en el ejército. Establece límites firmes y permite poca comunicación.
Generalmente los vástagos tienden a ser obedientes, ordenados, poco agresivos, más tímidos y poco tenaces a la hora de perseguir metas. Sin embargo, tienden a poseer una pobre interiorización de valores morales, orientándose más a los premios y castigos que hacia el significado intrínseco del comportamiento.
También puede suceder que se comporten de forma socialmente incompetente, ansiosos ante las comparaciones sociales, no inician las actividades y tienen pocas habilidades de comunicación.
También, dice Merlano, pueden manifestar pocas expresiones de afecto, siendo poco espontáneos, llegando incluso a tener problemas en establecer relaciones. Tienen baja autoestima y dependencia. Además, son poco alegres, coléricos, aprensivos, infelices, fácilmente irritables y vulnerables a las tensiones.
El Negligente Es un tipo de padre que no se involucra en la vida de sus hijos por descuido. Probablemente en su experiencia pasada no se crearon fuertes vínculos con sus padres y hermanos. Incluso tienen poca tolerancia a la frustración.
Sus vástagos, según Merlano, pueden ser socialmente incompetentes, es decir, con escaso autocontrol, no manejan bien la independencia y no están motivados hacia el logro.
Si no controlan a sus hijos, ellos viven sin reglas, con problemas de orientación, afectividad y, sobre todo, son presa fácil de grupos desadaptados.
La solución está en que papá tenga un rol más protagónico en la relación con sus hijos. Debe participar en una terapia familiar para buscar las causas de su conducta actual o seguir estos consejos: 1) Empezar a dedicar un tiempo en el día en conversar con sus hijos de temas variados. 2) Salir con ellos a un parque o centro de recreación.
El estresado El padre estresado definitivamente existe. Es aquel que transmite el no poder con su vida, con sus problemas o dificultades personales, familiares o laborales. Según el psicólogo Octavio Justiniano, más que proteger, busca que lo protejan. Es el padre que llega cansado a la casa, que no quiere escuchar ni saber de más problemas, que quiere ver las noticias y que lo atiendan. Los hijos optan por no llevarle más problemas y por lo tanto no recurren a él.
Si no se tranquilizan pueden caer en un estado de neurosis, por la queja y el malestar que siempre muestra, fruto del poco control del tiempo, baja administración de eficiencia y crisis familiares pasadas. Sus hijos, dice Merlano, pueden ser indiferentes, pocos afectivos, tímidos y sobre todo con sensibilidad a tener sentimientos de culpa. Por lo tanto hay que animarse.
El “que tiró la toalla” Es el típico padre que observa un mundo que le es desconocido y en el cual no sabe cómo apoyar a sus hijos, según Justiniano. Es el que abandonó la tarea, el que puede estar en la casa pero “pasa” en el tema de formar, de educar. No entiende el mundo de los jóvenes, su lenguaje, su forma de relacionarse y no tiene mayor interés o se siente invalidado para comprenderlo y se invalida a sí mismo. Se trata de una mezcla entre padre ausente y despreocupado.
Su comportamiento, agrega Merlano, puede ser una mezcla entre estilo permisivo y experiencias negativas vividas en el pasado. Es un padre indiferente a lo que les sucede a sus hijos y tiene dificultad para vincularse con ellos.
Los hijos de este tipo de padre pueden ser presa de malas compañías y vivir sin valores en las experiencias cotidianas, ya que no tienen un modelo paterno a seguir y les falta el afecto y vinculación con este.
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