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Edición del DOMINGO 15 de Junio del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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‘El infinito en la palma de la mano’
Una novela deslumbrante
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Clara Medina | claramedina5@gmail.com

Hacía tiempo que una novela no me emocionaba tanto. Leí El infinito en la palma de la mano, de la escritora Gioconda Belli, con arrobo. Con deslumbramiento.

Esta obra, de la narradora nicaragüense, obtuvo, en febrero pasado, el Premio Biblioteca Breve de Novela, que se otorga en España. Aunque carezca de noticias de los otros participantes y haya voces que   denosten el libro de Belli, celebro el galardón para  esta imaginativa y poética propuesta narrativa.

¿De qué se trata? Nada menos que de una historia que por  vieja y harto conocida podríamos pensar que está agotada. Pero nada más erróneo. Siempre habrá nuevas formas de encarar los temas. Belli, quien se inició como poeta y que en los últimos años se ha decidido también por la novela, recrea el origen de la humanidad y de la primera pareja: Adán y Eva. Imagina sus avatares por la supervivencia, luego de ser expulsados del paraíso. Eva probó del fruto prohibido. Su curiosidad, su deseo de conocer, la llevaron a convertirse en transgresora. Eligió y luego tuvo que asumir la consecuencia de su elección: la pérdida de la inocencia. Conocer le trajo turbaciones. El saber y el sufrir son inseparables.

A más de este lúcido planteamiento, Belli aporta con la magia de la escritura. Con la arquitectura de la novela. La autora, palabra a palabra, frase a frase, reconstruye un mundo primigenio, en el que Eva surge de la costilla de Adán.  ¿Qué dijo Adán cuando tuvo, por primera vez, frente a él a esa mujer desconocida? ¿Cómo la nombró? ¿Cómo nombraron y encontraron palabras para toda esa flora y fauna que los rodeaba? El infinito en la palma de la mano es una novela  a la que se asiste con ojos nuevos, como esperando revelaciones. Una se convierte en testigo de los descubrimientos de esta pareja. Lo novedoso no es el tema, sino que este se llene de poesía.

Belli describe momentos íntimos, únicos de una mujer, como la menstruación. Rebosa su palabra de erotismo y ternura cuando describe el primer encuentro sexual entre Adán y Eva. Y más tarde el embarazo, el alumbramiento, la maternidad, la descendencia. Y en medio de esa extraña felicidad, también la incertidumbre, la lucha por atenuar sentimientos como los celos entre sus hijos.

En una especie de prólogo, la autora cuenta cómo surgió la idea de escribir esta novela: esperaba a un familiar en una biblioteca y en esa biblioteca había textos sagrados antiquísimos. Fue allí que tuvo la revelación. Luego hizo investigaciones: desde la Biblia hasta una infinidad de textos apócrifos. Y echó a volar su imaginación, porque de eso se trata esta obra: de un  ejercicio imaginativo. De una ficción sobre esta pareja que, para los creyentes, Dios creó a su imagen y semejanza. Ese Dios en la novela se llama Elokim.

Pero una duda me queda: si Belli escogió la tercera persona para contar esta novela, es decir, un narrador omnisciente que todo lo ve y todo lo sabe, y si lo que narra esa voz es un mundo nuevo, donde los únicos habitantes humanos son Adán y Eva, ¿quién entonces es el narrador? ¿Es la voz de Elokim la que nos cuenta esta historia?


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