Este artista popular, portovejense de nacimiento, solo necesita una vereda donde hacer música, cantar, contar chistes y hasta bailar con el público.
Llueva, truene o relampaguee. En Guayaquil, la vida está en las calles. Más aún cuando bajo un portal, frente al mercado Central, hombres, mujeres y niños rodean a ese tipo que ataviado con traje de payaso grita:
“¡Que viva la asociación de comerciantes!”. Los que trabajan en el mercado responden: “¡Viva!”. Al observar un par de heladeros, propone: “¡Que viva la asociación de heladeros!”. Así van contestando los homenajeados.
Cuando ese hombre, de rostro pintado y nariz roja de payaso, dice: “¡Qué viva la asociación de cachudos!”, se oye un coro más sonoro.
“Vamos progresando –dice–, y mientras hay cacho, la economía familiar no falla, ¿sí o no?”. Todos ríen. Una ayudante ofrece los discos de Tony Chaquetito al precio de un dólar. Pocos los compran.
El sol se oculta tras nubarrones. Es cuando va hacia el teclado y ante el micrófono interroga: “¿Tiene problemas de salud? ¿Sufre del hígado, riñones, colesterol, diabetes, reumatismo, caída del cabello, impotencia sexual? ¿Su mujer quiere botarlo porque en 20 años no la ha dejado preñada?”.
Obviamente, como casi todo el mundo tiene algún problema de salud, nadie se mueve. “Entonces, a eso de las 3 o 4 de la madrugada, me le quita el calzón a su mujer”. El gentío suelta la risotada, que crece más cuando como por acto de magia muestra un interior inmenso.
“Póngalo a hervir en una olla con un litro de agua –aconseja Chaquetito– y cuando esté haciendo burbujitas, sáquelo. Al otro día, dígale a su mujer que le preste la bacinilla”. Todos escuchan embobados. Vierte agua en su bacinilla, que utilizaba de sombrero.
“Tómese este consomé que-le-va-a-cu-rar-to-do”.
La sirve en un vaso y la ofrece al público. Como nadie la quiere, se la bebe él de un sorbo.
Así son las parodias criollas de este artista callejero. Antes de que alguien intente irse, se apodera del teclado y muestra sus dotes de músico, cantante, bailarín y compositor. Entona su canción La receta del Tony: “Si tú te sientes mal/ tómate agüita de calzón,/ verás que eso es muy bueno y te alegra el corazón./ Agüita de calzón para el corazón,/ agüita de calzón para la presión…”. La tarde se enciende con la picante tonada, tanto que una señora baila con él.
Una hora después, en una habitación cerca al parque de La Victoria, tengo al frente al comediante sin maquillaje ni colorido atuendo. Es Paulino Castro Posada, un manabita de 44 años que con voz gruesa aclara: “No soy un payaso. Soy un artista popular: actor, cómico, cantante, músico...”.
Narra que a sus 7 años empezó en la música, arte que heredó de su abuelo y su padre. Toca teclado, guitarra, acordeón, cencerros, timbales, etcétera. En su Portoviejo natal formó parte de orquestas, pero ahora es solista, más bien un ‘hombre orquesta’ que compite con cantantes, músicos y payasos.
Por escenarios rurales y urbanos anima fiestas pueblerinas, cumpleaños infantiles, eventos matrimoniales y hasta corridas de toros en ruedos de caña picada.
Su personaje de Tony Chaquetito nació hace 25 años, cuando su hermana le confeccionó una chaqueta que le quedó chiquita y fue cuando sus compañeros de graduación le chantaron el apodo.
Anduvo 5 años por plazas y calles de Perú, Bolivia, Chile y Colombia, promocionando dentro de su espectáculo los productos de una marca que lo contrató. Ha grabado tres discos y edita el cuarto.
“Así mi arte valga un centavo, a nadie le pido un centavo”, asevera con firmeza Tony Chaquetito, quien no le da chance a la tristeza, llueva, truene o relampaguee.