Domingo 15 de junio del 2008 El País

Jóvenes ‘en moto’, explosión que genera temor en Los Ríos

POR CARLOS GALECIO SAMANIEGO

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BABAHOYO. La calle Sucre, una de las principales de la capital de Los Ríos, ‘descansa’ durante la noche del intenso tráfico motorizado que soporta a diario.

Miles de menores de edad conducen motos sin registro por las calles de esta provincia. No tienen licencia y generan caos vehicular. Las autoridades sospechan que muchos de ellos tienen vínculos con bandas delictivas, por lo que prohibieron su permanencia en las calles después de las 22:00, para evaluar la situación. 

Dos semanas de trabajo social pueden ser muy poco para quien ame el voluntariado, pero para Marcelo (nombre protegido), un estudiante secundario de 16 años, ese lapso se convirtió en una eternidad.

Trabajar con huérfanos del Hogar Niños Queridos no fue sencillo para este adolescente de actitud rebelde. Sin embargo,  no tuvo otra opción. Debió cumplir esa tarea, pues representaba la sanción judicial por conducir una motocicleta sin contar con la licencia respectiva.

Marcelo fue detenido por un agente de tránsito en febrero pasado, quien –al comprobar la falta de documentos– lo condujo hasta el Comando de Policía. Actualmente, el promedio semanal de detenciones por esta causa está entre 3 y 4, según las estadísticas de la Dirección  de la Policía Especializada en Niños y Adolescentes (Dinapen) en esta provincia.

El menor permaneció preso una noche hasta que el Juzgado de la Niñez dispuso su libertad para que cumpla la tarea social establecida como reprensión.

Sus padres argumentaron que  Marcelo salió de su casa la tarde  anterior sin permiso, algo que hacen la mayoría de chicos que son detenidos por la misma causa. Así lo afirman los policías que los custodian.

Pero no todos se escapan. Hay casos de quienes deben subir a las motos para cumplir tareas encomendadas por sus padres. Rafael, de 17 años, es uno de ellos. De lunes a viernes, este estudiante de tercer año de bachillerato realiza “los mandados” de sus progenitores, quienes poseen un negocio en el centro de Babahoyo. 

“Debo pagar la luz,  agua,  teléfono, ir a cobrar a clientes...”, comenta Rafael, quien se cuenta entre los cientos de adolescentes que manejan (sin casco, ni licencia) motocicletas de más de 100 cc, según la Policía.
Este tipo de casos se repiten en  cantones de la provincia como Ventanas, Buena Fe, Vinces y -sobre todo- en la capital, Babahoyo, donde durante casi todo el día se presenta una de las realidades que más afectan a Los Ríos, según sus principales autoridades: el manejo ilegal de motocicletas.

Una muestra de eso es lo que normalmente ocurre en la ciudadela El Guayacán, en Quevedo, donde el sonido de estos vehículos no es extraño. Casi a la medianoche del pasado martes, por ejemplo,  María y Pedro,  de 16 y 17, respectivamente, salieron de su casa a “dar una vuelta”. Rápidamente –sin respetar un disco Pare– se confundieron con otros chicos motorizados y se perdieron de vista, debido a la velocidad que le imprimieron a la moto que conducían.

“Queremos identificar cuál es la participación de menores de edad en actos delictivos”, sostiene el intendente de Policía de Los Ríos, Wimper Nivela. Y así justifica la orden de la Gobernación (emitida el pasado 30 de mayo) de prohibir la permanencia de adolescentes en las calles bajo la vigencia de un “toque de queda” que rige desde el pasado 1 de junio.
De acuerdo a la disposición, los menores de edad solo podrán estar en las calles de la provincia hasta las 22:00 de domingo a jueves;  viernes y  sábados hasta las 23:00.  No obstante, esta orden no se ha cumplido.

De hecho, a pesar de haber escuchado el anuncio en radios locales desde el día de la orden, en las noches, los menores permanecen en las calles e incluso manejando motocicletas y bajo la mirada de policías que, hasta el pasado miércoles, aseguraban no conocer la disposición.

La relación entre los adolescentes y las motos no es reciente. Según la Dinapen en Los Ríos, desde el año pasado, la mayor contravención en la que incurren las personas de entre 15 y 17 años es la conducción de estos  vehículos sin estar autorizadas para hacerlo.

Por esta situación son llevadas hasta las instalaciones de la institución hasta que sus padres conozcan del caso y se establezcan las multas que estipula la Ley de Tránsito.

Las estadísticas demuestran que el segundo delito que vincula a los menores de edad es el robo y asalto. En lo que va del año se han resgistrado unas 100 causas    judiciales por este motivo, algo que pone ‘en guardia’ a las autoridades.

El jefe provincial de la Policía, Wilson Alulema, reconoce la participación –aunque no mayoritaria, aclara– de adolescentes en bandas delictivas y de su contribución al caos vehicular que se registra en las calles de Babahoyo y otras ciudades de Los Ríos.

De allí que –sostiene– la reciente disposición de la Gobernación permitiría evaluar la relación de los menores de edad en hechos violentos, pero resalta su desacuerdo con la intención del Intendente de detener a los menores que la incumplan.

La máxima autoridad de la Policía dice que desde este mes los uniformados buscarán que los motociclistas “cumplan la Ley de Tránsito”, lo que implica la detención de quienes, independientemente de su edad, no cuenten con licencia o manejen un vehículo no registrado. 

Los ciudadanos dudan que una medida así dé resultados en Los Ríos. “¿Se ha dado cuenta de cuánta gente tiene motos aquí? No creo que metan a la cárcel a tantas personas”, comenta Pedro Olivares, un joven comerciante informal, que -asegura- maneja motos desde hace cinco años, cuando tenía 14.

En Babahoyo están registradas aproximadamente 3.500 motocicletas, pero las autoridades de la Jefatura provincial estiman que más de otras 7.000  circulan ilegalmente por las calles de la capital (En  toda la provincia hay unas 20 mil motos). 

Decenas de estas “atormentan” los fines de semana a moradores de las  avenidas Diez de Agosto y Universitaria, pues son las preferidas para realizar carreras nocturnas de velocidad.  Residentes de la zona, como Juan Marún, han perdido la confianza en que las ”cosas cambien algún día”. Y la paciencia dicen ya se les agotó.

 

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