Samuel Mluge sale de su oficina y explora la acera. Sus ojos azul claro se mueven de un lado a otro, intentando enfocar.
El sol solía ser su principal enemigo, pero ahora tiene otros. Mluge es albino, y ahora en Tanzania su piel tiene precio. “Me siento como si fuera presa de caza”, dice.
La discriminación contra los albinos es un grave problema en toda África, pero en Tanzania ha dado un giro siniestro: el año pasado al menos 19 albinos, entre ellos niños, fueron asesinados y mutilados, víctimas de lo que los funcionarios tanzanos dicen que es un criminal comercio en alza de partes del cuerpo de personas albinas.
Mucha gente en Tanzania —y por extensión, en toda África— cree que los albinos tienen poderes mágicos. Los albinos, a menudo el único rostro blanco en una muchedumbre negra, padecen una afección genética que deteriora la pigmentación normal de la piel, que sufre 1 de cada 3.000 personas.
Los funcionarios tanzanos dicen que los brujos usan piel, huesos y pelo de albino en pociones que prometen hacer rica a la gente.
Luego del aumento de las amenazas, el Gobierno tanzano se ha movilizado para proteger su población albina, cuyos miembros a menudo son rechazados y mueren de cáncer de piel antes de los 30 años.
La policía ha creado listas de albinos en todo el país para protegerlos mejor. Los agentes escoltan a los niños albinos al colegio. El presidente de Tanzania respaldó a una mujer albina para que consiguiera un cargo en el Parlamento y demostrarle su apoyo, señala Salvator Rweyemamu, portavoz del Gobierno tanzano.
Rweyemamu dice que la explosión de las matanzas socava todo aquello por lo que Tanzania ha luchado.
Pero las matanzas no cesan. Incluso se han extendido hacia Kenia, donde en mayo una mujer albina murió a machetazos; le extrajeron los ojos, la lengua y el pecho. Defensores de los albinos agregan que los brujos venden pieles de albinos en Congo.
Los jóvenes son muy a menudo blanco de ataques. En mayo, Vumilia Makoye, de 17 años, cenaba con su familia en su choza al oeste de Tanzania cuando aparecieron dos hombres con machetes.
Cuando la madre de Vumilia, Jeme, vio a los hombres con los machetes, intentó bloquear la puerta de su choza. Pero los hombres la dominaron e irrumpieron dentro: “Trocearon a mi hija rápidamente”.
Los hombres cortaron con un serrucho las piernas de Vumilia a la altura de las rodillas y huyeron con los trozos. Vumilia murió.
Muchos albinos de Tanzania recurren a la Sociedad Tanzana de Albinos. Pero el grupo sin fines de lucro tiene un presupuesto de unos 9.700 euros al año, que no alcanza para la protección solar, los sombreros y la ropa protectora que podrían salvar vidas.
Mluge, de 49 años, es el Secretario General de la sociedad. Dice que ha aprendido a soportar las burlas y el acoso constante. Fuentes policiales señalan que las matanzas de albinos son peores en las zonas rurales, donde la gente tiene menos cultura y es más supersticiosa.
Mluge cuenta que cuando camina, la gente susurra a su alrededor:
“Oigo a algunos decir ‘sí, trato hecho, vamos por él y nos ganamos algo de dinero”.
Ahora se encierra en su casa junto con su esposa y tres hijos, también albinos, mirando al exterior a través de barrotes.
“Estoy preocupado”, dice Mluge. “Saben que estamos aquí”.