Algunos machos trabajan mucho más que las hembras por garantizar seguridad a sus crías.
Es una especie endémica de la Antártida. Quizás una de las más conocidas por un documental sobre su hábitat presentado mundialmente el año pasado. Se trata del pingüino emperador, el más grande y pesado de todos los de su género: puede llegar a medir 122 centímetros y pesar 37 kilogramos.
Pero más allá de esas características, lo que distingue a esta especie es el sacrificio de los machos por cuidar a sus crías durante la incubación, refiere Gabriela Scioscia, especialista del Centro Ambiental de Investigaciones Científicas, con sede en Argentina.
“Es un caso muy especial en la naturaleza”, refiere, antes de mencionar que durante más de dos meses los machos deben soportar el frío polar y fuertes vientos de hasta 200 km/h, mientras dan calor abdominal al huevo que les entregaron las hembras, antes de ir a buscar comida.
Scioscia explica que si el polluelo nace antes del retorno de su madre, su padre lo alimentará con una sustancia lechosa que segrega una glándula del esófago.
Un caso similar lo protagonizan los jacanas, una especie de aves zancudas que habitan en las zonas tropicales del mundo. A pesar de que las hembras son unos 5 centímetros más grandes (miden unos 30 cm) que los machos, son estos los que toman la responsabilidad de la incubación. El macho de la especie se hace cargo de la familia: construye el nido, incuba los huevos y mantiene calientes a los polluelos, refieren estudios realizados sobre la especie.
Además, alimenta a sus hijos con insectos que atrapa en las plantas de las cercanías y, cuando siente que acecha el peligro, llama a las crías para que se refugien bajo sus alas. Entonces, con las alas replegadas camina sobre las hojas de los lirios acuáticos hasta escapar.
Las aves llevan largamente la ventaja sobre los mamíferos en el cuidado de los machos sobre sus crías. El cardenal rojo se suma a esta lista. Aunque la hembra generalmente incuba los huevos, usualmente el macho también participa en este proceso que dura entre doce y trece días.
El macho de esta especie, que habita en bosques y pantanos de América del Norte y otros países como Guatemala y Belice, se encarga del cuidado y la alimentación de los polluelos mientras la hembra empieza a incubar la siguiente puesta.
De esa forma los defienden de sus depredadores naturales más peligrosos como la ardilla gris y el búho.
Y aunque los mamíferos no son los mejores representantes del cuidado que ejercen los machos, hay especies como la cebra que mejoran la imagen de este grupo de este género.
Una cebra macho puede tomar la responsabilidad de proteger no solo a sus crías sino a las de otros, pues en esta especie un semental custodia grupos de entre 6 y 50.
Ellos deben avistar el peligro sobre todo cuando se dirigen a pastizales abundantes, ya que para ello deben cruzar ríos donde se esconden cocodrilos.
Las cebras machos protegen siempre ferozmente a sus yeguas de cualquier intruso, sea otra cebra o un depredador, con patadas, cabezazos, mordiscos o simplemente intimidación. Usualmente sus depredadores escapan ante la resistencia que imponen los machos.
En peligro
Una vez sea independiente, la cría del pingüino emperador, formará pequeños grupos con otras crías imitando a los adultos. Aún aquí el trabajo de los padres se mantiene.
En esta etapa son vulnerables a los ataques de aves de rapiña, por lo cual los adultos se esmeran por enseñarles lo más rápidamente a nadar.
Carga pesada
Durante la gestación, los machos adultos deben evitar que el huevo -de unos 450 gramos- toque el hielo, lo que implicaría la muerte del polluelo.