Y no me refiero a que se publicite más el tema de casarse, porque eso está demasiado bien posicionado en nuestra sociedad. La gente mayor cree que la que no se casa no está en nada, ser soltera a los 30 es tan retrógrada en Guayaquil como tener un VHS o usar unos Speedo.
Lo cierto es que, aunque es un tema del que se conversa, se opina mucho porque se ven tantas bodas a diario; hoy en día las estadísticas dicen que muchos fallan a los dos, tres, máximo siete años, por esto es que digo que estamos como faltos de visión estratégica…
Otra postura, más válida aún, es cómo ahora hemos aprendido a exigir nuestros derechos como consumidores y no nos conformamos con un producto que no nos satisface…
¿No será mejor hacer un test drive del “producto” matrimonial y mudarse a vivir juntos para ver si sirve la relación y de ahí tomar la gran decisión de compra para la eternidad? Estoy convencida de que un usuario informado, luego del uso y satisfecho, puede generar una fidelidad interesante, lo cual es bastante útil en casos como estos…
Sería mucho más lógico hacer esta prueba, antes que comprarla de apuro y por novelería y tener que devolver la mercadería… Ahora que esa devolución de marido incluye también el retorno de los regalos, y eso sí es muy poco glamoroso. ¿O será que la gente realmente cree que el divorcio es la nueva soltería?
Dejando el lenguaje consumista a un lado, lo complicado en la decisión de vivir juntos es irse en contra de toda la sociedad construida y diseñada para que las señoritas salgan de su casa solo al estar casadas.
Como dije antes, las decisiones hay que empezar a tomarlas por uno mismo, y esperar que la gente las vaya asumiendo, aunque sea un paso que se da sin bombos ni platillos. Sería, probablemente, un paso mucho más firme. Sería, además, un gran vuelco para nuestra sociedad, condenado por muchos, pero ya empieza a ser tiempo de darles de qué hablar…