- JUN. 12, 2008 - Foto - Cultura - EL UNIVERSO
Propuesta en video del artista chileno Amílcar Packer, una de las obras que integran la muestra de la galería dpm.
Para los que no están acostumbrados, puede resultar algo completamente extraño llegar a una exposición de videoarte. Muchas veces esa extrañeza crea un sentimiento de recelo porque es difícil salirse del molde mental, es chocante concebir la idea de que las categorías bajo las cuales tradicionalmente se conoce algo, en este caso el arte, se han ampliado; pero es una realidad.
Los museos, los espacios de arte y más importante aún los artistas, acogen hace muchos años esta herramienta que empezó a ser utilizada en la década de 1960 de la mano del artista coreano Nam June Paik, y que se ha extendido a la par de los desarrollos tecnológicos.
Una pequeña dosis para conocer esta manifestación artística se presenta en dpm, en una muestra internacional de videoarte y escultura sonora, en la que Rodolfo Kronfle y María Fernanda Cartagena seleccionaron piezas de cinco artistas, que encuentran el hilo que las conecta no en un tema, sino en la intención de crear una sensación de Tensa calma, como se titula la exposición.
En el video Giro, la mirada de Orfeo de 1998 creado por la prestigiosa artista bangladesí Runa Islam, la parte posterior de una cabellera rubia empieza a girar lentamente hacia el espectador, en el segundo en que postra una intensa mirada sobre él, el video termina. ¡Chan!
Con ese sentimiento de desconcierto empieza el recorrido por estas obras que ostentan una constante tensión entre el cuerpo y los objetos. En el caso del chileno Amilcar Packer los soportes inestables de muebles le sirven a modo de cuerda floja, para recorrerlos cíclicamente con su cuerpo desnudo, igualmente como actúa de motor de un rompecabezas deslizante de mesas.
Ambas piezas potencian el color y la composición como parte visual del juego sin fin que plantean, como en su otro video en el que una silla gira de manera incesante suspendida en el cielo sin llegar a caer.
De la ecuatoriana Jenny Jaramillo se ve el registro de una performance en la que se arrastra a lo largo de una galería empujando con su cabeza –introducida– en un costal lleno de harina que va dejando el rastro de su paso; aquí la relación claustrofóbica con el objeto, como es esencial en las performances, se lleva hasta límites que desafían las capacidades del cuerpo.
Las argentinas Eugenia Calvo y Luciana Lamothe comparten –aunque con intensidades y agendas diferentes– un espíritu vandálico que busca pervertir el orden establecido. Calvo maneja su obra organizadamente con una clara consciencia estética que tuerce con su maquiavélica consecución; Lamothe, en cambio, es impulsiva, gutural y sarcásticamente lúcida.
La obra del ecuatoriano Christian Proaño invade toda la galería con cables que se extienden desde la entrada por todo el techo hasta el baño.
Esta escultura logra, por medio de sensores, que cuando alguien abre la puerta principal una consecución de sonidos distorsionados se genere en el baño y viceversa; es una obra que enfrenta y al mismo tiempo ata el lugar más público con el más privado, haciendo del cuerpo del espectador el detonante que activa esta relación.
La galería está ubicada en Circunvalación Sur 111-A y Víctor Emilio Estrada. La entrada es gratuita. La exposición está abierta hasta hoy.