La Central de Inteligencia de Colombia frustró el pasado martes un presunto plan de la guerrilla para asesinar al presidente, Álvaro Uribe, mediante la explosión de un taxi cargado con 120 kilos de explosivos.
Se trataría del más reciente plan para atentar contra el mandatario colombiano, quien con el apoyo de EE.UU lidera una ofensiva militar contra la guerrilla, a la que obligó a un repliegue estratégico.
Se reveló además que el atentado iba a ser ejecutado en el municipio de Planadas, departamento del Tolima, en represalia por la ofensiva militar contra Alfonso Cano, el nuevo máximo comandante de las FARC, designado en reemplazo del fundador del grupo guerrillero, Manuel Marulanda, quien murió el pasado 26 de marzo, al parecer de un infarto, según versiones de los rebeldes.
Uribe, objetivo permanente de las FARC, es uno de los presidentes más custodiados del mundo y su esquema de seguridad es apoyado con vehículos blindados y seguimientos satelitales suministrados por el Servicio Secreto de Estados Unidos, de acuerdo con fuentes de las Fuerzas Armadas.
Mientras, las autoridades reforzaron ayer la seguridad de Bogotá, y ofrecieron $ 30 mil por información sobre el ataque, el martes, a una estación policial que dejó tres heridos.