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MARTES | 10 de junio del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Destino de la CTG II
Muchos ciudadanos hemos montado en cólera ante los abusos de los profesionales del transporte que haciendo gala de su poderío y de su complicidad con la CTG, permanentemente vulneran los derechos de sus conciudadanos: abusan del pito y cornetas, de la velocidad, agreden de palabra y obra a quienes les obstaculizan el  paso para sus precipitadas carreras de carros en calles.

Muchos ciudadanos hemos recurrido a esta página para denunciar los abusos que siguen produciendo muertes de peatones y conductores; sin embargo, estamos conscientes de que quitarle autonomía, entre otras cosas a la CTG, podría resultar como el refrán que dice que es peor la medicina que la enfermedad.

En una ciudad como Guayaquil en la que el transporte público, en un elevadísimo porcentaje es manejado por gente de fuera de la urbe y la provincia o parte de este lo manejan altas autoridades de tránsito y de la Policía, como que quitarle autonomía a la CTG le resta presencia y autoridad.

El vigilante de tránsito estaría reducido a una esquina sin poder de acción alguno, so pena que desde la capital (principal) le venga a la ciudad (sucursal) el despido o la baja. Las intenciones pueden haber sido buenísimas, pero las aplicaciones pésimas.

Ya hemos visto cómo se han peleado la Policía Nacional con la Corporación para la Seguridad Ciudadana, y los únicos perjudicados hemos sido los ciudadanos víctimas de la delincuencia.

Lastimosamente y en los últimos tiempos la  CTG dio más qué decir y qué hacer por sus continuos actos de corrupción. La solución tenía que ser radical pero no en el sentido que se la ha tomado, sino en cuanto a una efectiva depuración de la entidad, a una aplicación radical de la Ley de Tránsito y su reglamento; sumado a sanciones muy severas para los que abusan de la acción y también de la omisión.

Estas sanciones tendrían que ser también para los vigilantes y oficiales de la CTG, con las máximas penas. No creo que las medidas tomadas en relación a la CTG y su autonomía vaya a solucionar nada.

María Luisa Mora P.
abogada, Guayaquil
Me han asaltado más de seis veces este año
¿Que el índice delictivo ha disminuido?... ¿Que ahora Guayaquil es más segura?... ¡Qué mentira más grande!

En lo que va del año me han robado más de cuatro celulares y me han hecho dos secuestros express. No sé dónde está la seguridad de la que tanto habla el Gobierno.

No sé por dónde patrullan los policías ni dónde hacen los operativos contra los delincuentes. Si alguna autoridad lo sabe, que nos informen a los ciudadanos en alguna de las tantas propagandas que sacan en la televisión.

Cuando había la Corporación para la Seguridad Ciudadana me salvaron de que me asalten en una ocasión. Espero la misma protección ahora.

Espero ver algún día los patrullajes y los controles que había en los sectores más peligrosos.

Espero ver a los guardias en las esquinas.

Pero, mientras espero que eso suceda, tendré que rogar no ser nuevamente víctima de la delincuencia, de la cual se dice que es casi “inexistente”.

Jimmy García A.,
ingeniero, Guayaquil
Salvemos el Lago

Una de las diferencias evidentes y motivo de constante crítica es la comparación entre la administración pública y la privada en lo concerniente a la dedicación que en una y otra se le otorga al mantenimiento de los bienes.

Me imagino por qué en las instituciones públicas muchos de los funcionarios o colaboradores son como el oleaje que va y viene con los cambios de autoridades que se dan después de concluido cada proceso electoral; hay muy poca preocupación por mantener en perfecto estado lo que hizo otro, y peor aún, si al hacerlo le estamos dejando la mesa puesta al que vendrá. Así es la política, al menos en el Tercer Mundo.

Producto de este razonamiento, lamentablemente muy generalizado en nuestros días, en las instituciones del Estado los edificios, vehículos, mobiliario, etcétera, aceleran su obsolescencia en contraste con lo que ocurre en la empresa privada. Sin embargo, es nuestra obligación cívica el recordar al Estado su responsabilidad en este sentido.

Ahora que “la patria ya es de todos”, el Parque El Lago, aunque administrado por Cedegé (Comisión de Estudios para el Desarrollo de la Cuenca del río Guayas) nos pertenece, y por ello mi denuncia. Este hermoso centro de recreación está perdiendo su atractivo paulatinamente. Con este invierno, que en la Costa está por concluir, han proliferado en el embalse las plantas acuáticas conocidas como lechuguines, las que ya cubren el 40% del espejo de agua.

Encontrándose a pocos minutos de Guayaquil, en el km 26 de la vía a la costa, es un sitio muy visitado por familias enteras, clubes, escuelas, colegios..., en busca de esparcimiento y de contacto con la naturaleza. En el lugar se podían practicar varios deportes acuáticos como velerismo, kayak, pesca y otros. Digo se podían  porque ahora es imposible hacerlo.

Por otra parte, y de suma importancia es que existen cerca de 150 familias que viven de la pesca artesanal de la tilapia, y hoy no pueden vencer con sus canaletes la enmarañada flora acuática, sumiéndolas en la desocupación y agravando el problema social que vive el Ecuador. En poco tiempo más la agresiva maleza empezará a obstruir las tomas absorbentes de las estaciones de bombeo y el sistema de irrigación del Proyecto de Propósito Múltiple Jaime Roldós Aguilera habrá colapsado.

Hago un llamado a Cedegé, a su presidente ejecutivo, ingeniero Pedro Castro, para que disponga que técnicos de la institución encuentren cuanto antes una solución.

Humberto Pignataro V.,
ingeniero, Guayaquil

Un sitio tan bonito y útil para distraernos sanamente en medio de la naturaleza, el Parque El Lago de Chongón no puede morir. Por ello, todos debemos aportar con soluciones y mantener en buen estado el agua y sus campos.

Josefina de Carrillo,
Guayaquil

Aumentan los asaltos

Como habitantes del Barrio del Centenario estamos sumamente preocupadas del abandono policial en que nos encontramos; situación compartida por muchos otros sectores de la ciudad.

Sabemos, por las pocas amistades que nos quedan en este barrio, que ha sufrido la migración del 90% de las personas que lo habitaban hace diez años, que en las últimas semanas ha habido dos ingresos violentos a casas, un robo de celular, y un robo de vivienda, solamente en la calle de una cuadra que justamente puede ser observada por el guardia de la torre que permanentemente vigila la casa de algún alto personero de la Marina, en José Salcedo y Maracaibo. ¿Será ciego?, ¿se quedará dormido?, ¿tendrá órdenes de solo cuidar la casa del jefe?

En otra calle a la vuelta, Dolores Sucre, a las diez de la noche se le arrebató la mochila a un estudiante de medicina que venía de su trabajo, y allí mismo, de día, un ladrón gimnasta fue saltando paredes al ser perseguido por los perjudicados de sus fechorías. Por otros dos lugares más, hubo otros incidentes y uno de los mismos apareció en los diarios.

Jamás, en los últimos meses, hemos visto una camioneta, moto o policía alguno que pase cuando salimos a caminar de noche o de día. Las luminarias de la Empresa Eléctrica en medio de las cuadras se prenden o se apagan misteriosamente desde hace años, sin que las arreglen, lo cual aprovechan los enamorados para parquear sus carros y ahorrarse el costo de un motel, ¿o serán ladrones chequeando entre beso y beso las casas más vulnerables?

Las tapas de las alcantarillas, en su mayoría, han sido robadas en las dos últimas semanas quedando los huecos listos para engullirse a cualquier ciudadano asustado, que por ver hacia atrás si lo sigue un ladrón, igual acaba mal. En fin, es la historia de la ciudad entera, pero es hora de que la Policía actúe. Es hora de ver con nuestros propios ojos y no solo en los reportajes periodísticos, si es verdad la cantidad de policías y carros que dizque se ha aumentado en la ciudad; y hora de que al guardia de la torre se le diga que cuide más allá de las dos paredes de la casa de su jefe, porque existe una ciudad insegura más allá de ese pedazo de paraíso.

Irene Pino, Sol Icaza, Cecilia Estrada,
Guayaquil

¿Hasta cuándo quienes vivimos en Quito tendremos que soportar los asaltos y los robos?

No importa el lugar o la hora, o si uno anda a pie o en automóvil, lo cierto es que cada día los ciudadanos nos exponemos a los maleantes que han encontrado en nuestra ciudad un “paraíso” para hacer sus fechorías ante la increíble pasividad de las autoridades.

Las retrógradas medidas de la Asamblea Nacional y del Gobierno solo han logrado elevar los índices de desempleo y desorden, por lo tanto, ha aumentado y aumentará aún más el número de gente que se dedicará a la delincuencia; si hasta las guerrilleras fueron tratadas a cuerpo de rey.

Es hora de una nueva marcha blanca para exigir seguridad. Nuestros impuestos tienen que servir, al menos, para eso.

Francisco Velasco,
Quito

Aumentan los asaltos II

A las autoridades ya se les acabó el tiempo. Ahora se necesita la participación y el trabajo exclusivo de los asambleístas, en su obligación de detener de una vez por todas esos agresivos e imparables actos delictivos que nos agobian.

No tienen que copiar leyes extranjeras. Deben concienciarse en crear leyes ante el delito, acorde a nuestras circunstancias, por consiguiente, se debe legislar para que ningún extranjero ingrese al país sin sus documentos elementales: cédula, récord policial y permiso de ingreso autorizado.

Tampoco, el cambio o alternatividad de generales en la cúpula policial nos garantiza nada; si en su interior permanecen secretarios que por décadas tejen y manejan actos, coimas ofrecen por debajo, se les asignan zonas rojas más productivas.

He visto cómo atrapan a un raterillo, lo llevan a otra calle, se reparten el botín y luego lo aflojan, para que siga en sus andanzas; ellos, los policías, conocen nombres, apellidos y dónde viven sacapintas, secuestradores, y más malhechores.

Se me ocurre, la creación de una oficina especial de denuncias civil o municipal que garanticen, den seguridad, secreto y hasta premio a los denunciantes.

Sabemos que el camino es bastante largo pero no difícil, pero el contubernio de policías y ladrones tiene que acabarse pronto.

Raúl Saavedra,
Guayaquil

Con mucha pena y desilusión leo y veo que casi todos los intentos que la Policía Nacional hace para detener el avance de la delincuencia, es como arar en el mar.

La culpa es de quienes hacen y aprueban las leyes, en las que van dejando grandes vacíos que sirven de base para argumentos que introducen en fallas, y sirven para defender a los más avezados delincuentes, criminales, secuestradores, violadores y más lacras.

Pero si al famoso artículo 24-8 se le agregara un numeral, que diga: “Todo detenido por cualquier causa y que se haya beneficiado con el ya mencionado artículo y haya sido puesto en libertad, pero que volviese a ser detenido antes de los cinco años, por cualquier delito que cometiere solo o en complicidad, será sentenciado en forma directa sin fórmula de juicio alguno, a 15 años inapelables de prisión”.

Se dice que no se sabe cómo ingresan armas blancas, de fuego, licores, drogas a la cárcel. Recordemos que todos los días ingresan alimentos: arroz, azúcar, tubérculos y más. Que se revisen los sacos y verán que los involucrados son muchos: cocineros, ayudantes, guías, cargadores, etcétera.

Wálter Sánchez Rodríguez,
Guayaquil

Destino de la CTG

Como la canción “ni soy de aquí, ni soy de allá, ni tengo edad...”; así es la competencia de administrar el tránsito de la CTG (Comisión de Tránsito del Guayas).

Al respecto, habría que preguntarse si la comunidad guayaquileña conoce algún proyecto que la CTG hubiere enviado al Municipio para mitigar el congestionamiento del tránsito en el centro de la urbe, en las horas pico. De lo que sabemos, tal plan no existe, o la prensa no le ha dado publicidad. Lo que sí se siente es que desde la calle Loja hasta la avenida Olmedo, y desde la avenida Boyacá hasta el Malecón, no hay sitios de parqueo viables a la hora de máxima demanda, y la prueba son los embotellamientos.

En todas las ciudades modernas, parte del sistema de tránsito son los parqueaderos con monederos o tarjetas, y control con sistema ojos de águila, esto es solución a corto plazo; y a largo plazo, los edificios de parqueo controlados por la institución pública. Sin querer hacer leña del árbol caído, la CTG debe recordar que “no hay mejor cuña que la del mismo palo”, parafraseando la doctrina Monroe; y a renglón seguido,  “una empresa es tan buena como lo es su gente”.

Como decía la célebre sor Inés de la Cruz: “...y cuál es más de culpar, aunque todos dos mal hagan; el que peca por la paga (la CTG), o el que paga por pecar, (al inocente que tiene que pagar la grúa porque los acomodadores de carro le movieron 20 centímetros el vehículo, a la zona peatonal prohibida).

La falta de comprensión al problema vial puede ser por ignorancia o por indolencia. Si es por ignorancia, es por falta de conocimientos, y si es por indolencia, es porque los problemas domésticos de la autoridad son más importantes que los de la ciudad. Por cualquiera de los dos lados, la calavera es ñata, y como decía un eslogan de una antigua radio, “el tiempo sigue su marcha”. La indolencia ya es de todos.

Salvador Loffredo Autheman,
ingeniero, Guayaquil

¡Qué pena! Se va la Comisión de Tránsito de la provincia del Guayas.
Institución que fuera tan querida en las décadas de los sesenta a setenta, tiempo en el que fue brillante, especialmente por la actuación del cuerpo de vigilantes; lo que motivó que muchas veces la entidad sea pasada a manos de la Policía Nacional –la más fuerte intención que hubo en la década de los sesenta– dando lugar a que las instituciones guayaquileñas la defendieran, habiéndose reunido en sesión permanente.

Y fue así que en una de esas noches de sesión, llevando un pequeño radio, escuché el boletín noticioso de radio Atalaya, en la voz de don Humberto Romero Gálvez, cuando pasaba la información que dentro de media hora el Congreso Nacional conocería en segunda y última sesión, la desaparición de la CTG; lo cual me alarmó y pasé a conocimiento de la señorita Alicia, prosecretaria de la institución, quien de inmediato avisó a la asamblea que estaba en sesión permanente. Fue así cómo pasaron los años y yo muy contento de trabajar en dicha entidad, cada vez que iba a cobrar la quincena, exclamaba en ese entonces, “linda Comisión, ojalá nunca se acabe”.

Bolívar Reyes y Altamirano,
Guayaquil
 
 

Correcciones y aclaraciones

Homónimo
En la sección Deportes del 29 de mayo se publicó la noticia titulada ‘Anticorrupción no acepta la versión de FEF’, y en un recuadro de la misma se dice: “...textuales lo dijeron Xavier Campos Muñoz, auditor interno de la FEF”; mas, en el desarrollo de la información se menciona a Xavier Fernando Campos Cruz, quien aparentemente sería el autor de la declaración antes detallada.

Yo, Xavier Campos Muñoz, portador de la cédula de identidad 0905110243, no tengo ninguna relación con la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF).

Xavier Ernesto Campos Muñoz,
abogado, Guayaquil

Nota de la Redacción:
Lamentamos el error.

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Memoria

La Asoc. Ecuatoriana de Psicólogos y el Instituto de Metodología Intelectual realizará el sábado 14 de junio el taller ‘Cómo incrementar su memoria’. El evento se desarrollará a las 15:00 en José Mascote 1122 y Luque, piso 1, ofic. 3. Cupo limitado. Teléfono 219-3214.
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