GINEBRA
Desde el verano pasado hemos sido testigos de un gran nerviosismo en los mercados financieros mundiales, causado por la grave evolución de sub-prime en Estados Unidos, la misma que se tradujo por una crisis de crédito que ha conducido a importantes inversionistas a retirar sus fondos de los bancos privados para pagar sus préstamos con el fin de estar menos expuestos a los riesgos, lo que indica que la crisis citada se propagó hacia el sector de la banca privada, que parecía immune.
Es así como la tradicional cita de la prensa extranjera con la Asociación suiza de banqueros era ineludible este año pues coincide con un período que muestra un frente económico, financiero y bancario internacional aún muy cargado, en medio de una atmósfera tumultuosa, no solamente en Estados Unidos y en los países de la Unión Europea (UE) sino también en la propia Suiza.
Abordamos a Pierre Mirabaud, presidente de la Asociación suiza de banqueros a fin de conocer los pasos que dará la plaza financiera helvética para protegerse de este tipo de riesgos en el futuro, habida cuenta que su reconocido éxito ha radicado siempre en su reputación, administración eficiente e igualmente en su credibilidad y en la confianza que inspira a nivel internacional, sin omitir, por supuesto, el gran pilar constituido por su secreto bancario.
Mirabaud respondió a EL UNIVERSO que a la hora actual los bancos suizos están considerablemente dotados de fondos propios, por lo tanto la perennidad de su sistema bancario no está amenazada. “No tenemos ese problema y ningún banco suizo ha invertido directamente por cuenta propia en productos estructurados de crédito que dieron origen a esa crisis”.
Otros hechos que han marcado el periodo de la comunidad bancaria internacional de principios de año son: el gran fraude operado por un solo hombre en el seno del grupo bancario francés Sociedad General y las turbulencias que experimentan, en particular la Unión de Bancos Suizos (UBS) y el Banco Credit Suisse. De una manera u otra todos los más importantes bancos mundiales han sufrido impactos sucesivos y a este paisaje económico actual aún agitado, se encadena el fenómeno de la evasión fiscal ocurrida en Alemania, suscitada por fondos que centenares de personas físicas depositaron en el Principado de Liechtenstein. El gobierno alemán, basado en una lista de nombres que cayó en su poder, pone todo su esfuerzo para que ese principado coopere con investigaciones referidas a la evasión fiscal.
En relación al tema de evasión fiscal de diversos países, Mirabaud puntualiza que en primer lugar “Suiza no es un paraíso fiscal ni culpable de evasión de impuestos.
La culpa es del propio sistema tributario de cada país. Nosotros solamente prestamos servicio a nuestros clientes, no somos sus policías ni sus jueces”.
Por otra parte, los banqueros suizos aspiran a desarrollar su plaza financiera frente a la competencia de las plazas de Nueva York y Londres. Con este fin necesitan incrementar el reclutamiento de jóvenes talentos fuera de la UE pero esto implica una ampliación de la política de inmigración que hasta ahora permanece bastante restringida pese al poder de la banca helvética. No siempre el camino está sembrado de rosas para los banqueros suizos.