lunes 09 de junio del 2008 Columnistas

2 y 3 de junio de 1959

El Cuerpo Policial en nuestro país, exceptuando a ciertos oficiales que por algo ocupan determinado rango, va a la cabeza en el mundo, y no me aventuro al decirlo, en cuanto a incapacidad intelectual se refiere.

Decir que la Policía, en los sucesos de hace pocos días escribió una página negra en su historia, es decir poco. Esas furibundas patrullas de acomplejados seres no eran los guardianes del orden y seguridad nacionales; era grupos desprendidos de las hordas bárbaras de Genserico en pleno vandalismo, sedientos de sangre, ambiciosos de mando, y con el morboso y sádico deseo de contemplar inertes y fríos los robustos y jóvenes cuerpos de los valerosos estudiantes.

No se necesita en estas mal trazadas líneas hacer un discrimen detenido de las mal enrumbadas actividades policiales en sus innumerables manifestaciones, porque es sobradamente conocido por todos los entes con raciocinio que asentamos nuestras plantas en este mal dirigido país, los despreciables hechos que eslabonados forman la infamante cadena de vejaciones al libérrimo pueblo, quien es sarcásticamente el que sostiene a sus verdugos mediante el pago de las pesadas cargas tributarias impuestas por el Estado.

¿Se puede andar seguro tanto en la ciudad como en el campo con esa clase de individuos con que cuenta el Cuerpo Policial en nuestro país? ¿Se garantiza “la inviolabilidad de la vida”, la libertad de expresión, con estos pobres seres vestidos de kaki que llevan debajo de sus gorras o quepis un cabello hirsuto y una mentalidad bárbara? ¿Se puede, en fin, estar tranquilo si la Policía en vez de cumplir cabalmente su misión cual es la de velar por la tranquilidad y la paz ciudadanas, se convierte en el enemigo público número uno debido a su despotismo y hostilidad en el trato para con sus semejantes? ¿Es en esa forma, repito, que el Gobierno garantiza la paz, la tranquilidad y el cumplimiento de las leyes?

Es una vergüenza que en un pueblo civilizado de América, que ama a la libertad como un hijo a su madre, más aún que la juventud de ese pueblo que, como en todo el orbe, es el motor que impulsa la colectividad, vea sus ideales pisoteados, sus derechos conculcados y sus sagradas conquistas menospreciadas por individuos de precaria cultura y de saber ignaro que se jactan de su ignorancia y se empecinan en su drástico actuar al recibir de manos irresponsables un fusil en su diestra.

La reorganización del cuerpo policial es un imperativo y hay que realizarlo siguiendo el ejemplo de los grandes cuerpos policiales del mundo, orgullo de todos y cada uno de sus ciudadanos, como la Real Policía Montada, Scotland Yard, la policía en general de Estados Unidos, etc, donde sus miembros no son escogidos al azar sino siguiendo cursos preparativos, llenando las bases requeridas, entre las cuales resaltan la educación, la instrucción y la honradez.

Claro está que no vamos a establecer similitud entre los recursos económicos del Reino Unido, de Estados Unidos y de nuestro país como para que el Ecuador mantenga un numeroso cuerpo policial de esta índole, pero también está claro que mediante un poco de preocupación del Ejecutivo para obviar estos problemas, se podría llegar a solucionarlos.

Pero es muy difícil que el Gobierno nos escuche, y más difícil es que nos atienda satisfactoriamente. Tenemos consecuentemente que seguir soportando estos agudos achaques ya que el esperar ayuda del actual Ejecutivo Centralista es una gigantesca quimera, es una ciclópea utopía, tan grande como creer que existan peces en el agua.

*Artículo publicado con el título original de ‘La Policía’.

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