Investigaciones se estancan en Pichincha por demoras en los procesos.
A José Moreira Moreira lo llamaron cinco veces a su celular antes que lo asesinaran en el centro de este cantón, una tarde de viernes en marzo pasado.
Tras las llamadas, Moreira salió con coraje, según una de sus hermanas que lo despidió en la puerta de la casa, y después de decirle a su padre que lo esperara porque iba a solucionar un asunto con un amigo.
“Dice que me va a pagar”, le dijo, refiriéndose a una deuda por un terreno que su amigo de adolescencia, Roberto Mejía Loor, debía cubrirle, según cuentan los familiares que lo vieron por última vez.
Pero en lugar de obtener dinero, en la esquina de Filamil Vélez y Pedro Cedeño, a un costado del río donde lo citaron, recibió dos disparos, uno en la frente y otro en el abdomen.
El hecho ocurrió cuando en el sitio se concentraban personas que se iban de la ciudad después de comprar en el mercado. El ruido de las balas generó caos. Gente en el piso rodeada de víveres fueron las escenas que se dibujaron alrededor del cuerpo de Moreira, que cayó tendido al pie de una camioneta roja en la que se movilizaba.
Hay testigos que dicen que observaron quién fue el autor de los disparos. Una mujer, que testificará hoy en el proceso de indagación previa que se emprendió, acusa a Luis Mejía.
“Vi cuando él disparó y después huyó en un carro Trooper plomo”, comenta la testigo.
Mientras, un parte policial elaborado por el cabo Miguel Mendoza Yanza también relata que a Moreira lo asesinó Mejía, quien estuvo acompañado por Jefferson López Triviño.
En el documento se establece que ambos huyeron hacia El Empalme (Guayas), que limita con Pichincha, en un Trooper plateado, de placa GHN-288.
Incluso se establece que la Policía inició un operativo para capturar a los supuestos responsables, sin resultados.
Ante lo sucedido, la Fiscalía comenzó la indagación previa, donde se citó a declarar al acusado y a testigos.
En su versión, Mejía dijo que era amigo de la víctima y admitió haberlo llamado a su celular, pero para “reunirse como siempre”.
También reiteró que no fue el autor de los disparos, aunque advirtió que se encontraba en el lugar con otros amigos cuando Moreira llegó. Allí observó, según dijo, cómo un individuo apodado Garrapata le disparó, ante lo que Mejía se escondió tras un carro y luego se dirigió a su vivienda.
Además, justificó que salió de Pichincha porque estaba de vacaciones en el Municipio del cantón, donde labora.
Las declaraciones fueron receptadas por un fiscal encargado que maneja el caso en el cantón, ante la falta de un titular.
Escasez de policía
El reducido número de policías asignados a Pichincha (un total de 12), ubicado al este de la provincia, son parte de las quejas que tienen los habitantes con respecto al recrudecimiento de los hechos violentos.
La testigo del crimen rechaza las demoras que se dan en torno a las audiencias de la indagación previa. “Se han suspendido por tres ocasiones porque no llegan los policías, o incluso porque en las oficinas de la Fiscalía no hay quien reciba las declaraciones”, se queja.
El ministro fiscal distrital de Manabí, Agustín Zamora, se comprometió a investigar el caso y atender las denuncias. Aunque recalcó que los habitantes de Pichincha no apoyan los procesos de investigación que empiezan los fiscales.
Indicó que en Pichincha se inician en promedio seis procesos penales, debido a que la mayoría de casos se quedan en indagación ante la falta de testimonios sobre los crímenes.
“La situación es compleja. En este cantón se producen alrededor de seis procesos al año, pero la gente no colabora, solo presentan la denuncia y luego creen que la Fiscalía debe inventar pruebas dentro de un caso”, reprochó Zamora.
En este lugar, seis personas han muerto asesinadas en lo que va del año, a los que se suman los crímenes que se suscitan en las zonas rurales donde vive más del 60% de la población del cantón.
El último crimen ocurrió en un karaoke, donde fueron asesinados Antonio Rodríguez Vera, Leonardo Roberto Vera Solórzano y Ramiro Eduardo Mera Alvarado, quienes fueron acribillados por desconocidos.