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Edición del DOMINGO 8 de Junio del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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José Antonio Gómez, ‘La lucha recién empieza’
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Texto: Katherine Villavicencio

El director del Archivo Histórico del Guayas cuenta su pasión por las letras y la investigación. Aunque fue constructor, ganadero y bananero, desde que escribió su primer libro, hace 15 años, no ha parado de hurgar y defender la historia guayaquileña.

La carta lo tomó por sorpresa en su despacho, en el Archivo Histórico del Guayas (AHG). El remitente: el Banco Central  del Ecuador (BCE), para informarle la decisión de rescindir los convenios  de comodato y administración de la entidad. Y ello significaba que dejaba de percibir los 300.000 dólares anuales que recibe para su mantenimiento.

No fue lo único. “Me agradecían además mis servicios, de manera que ahí no hay malentendidos”, dice enfático José Antonio Gómez Yturralde, director del AHG, dos semanas después del incidente y en alusión a las justificaciones que dieron representantes del BCE.

Gómez esperó primero una reacción por parte del directorio “para arreglar esto, porque no solo que me sentía frustrado sino ofendido”. Pero no la hubo. Así que decidió empezar una lucha frontal por la entidad que, asegura él,  busca mantener la investigación, la capacitación a los maestros y estudiantes,  y la difusión de la historia “tergiversada y ocultada de Guayaquil”.

Ese ha sido su propósito durante los once años que lleva al frente de la entidad. Quería que el Archivo fuera más que un centro donde se conservaban documentos importantes de la historia local (hay archivos del siglo XVI).

El Archivo Histórico fue fundado por Julio Estrada, Genaro Cucalón, Abel Romeo Castillo, Rafael Euclides Silva y Miguel Aspiazu Carbo en 1971, durante el gobierno de José María Velasco Ibarra. El propósito era conservar e investigar la historia del Guayas.

El entonces Presidente promulgó el decreto de creación y ofreció un presupuesto, pero tras su salida del poder el Archivo se quedó sin dinero.  Julio Estrada consiguió apoyo del BCE y la firma de un comodato por 99 años mediante el cual se obtenían los fondos para mantenerlo, pagar a sus empleados y empezar su desarrollo.

Así estuvo hasta 1985 en que falleció Julio Estrada y el Archivo Histórico se quedó sin administración por más de una década.  En 1997, José Antonio Gómez tomó contacto con la entidad y fue nombrado director ad honórem. Tenía 71 años. “Entré cuando era alto, moreno y buen mozo”, bromea.

Luego se firmó un convenio para que la Fundación Miguel Aspiazu Carbo (Fumac), de la cual es titular, administre el AHG.

La fundación hace autogestión para colaborar con la administración y no recibe “ni un centavo del Banco Central por administrar el Archivo”. Al momento, aclara,  sirve como un vínculo para agilizar los procesos de administración.

“Lo que hace la fundación es diseñar los proyectos de investigación que se tiene para el año. Se manda al Banco Central, este los aprueba o niega y se les entrega los fondos a medida que los proyectos se van realizando”.

Así el Archivo Histórico pasó de   conservar documentos y hacer investigación a ofrecer capacitación, clases de estudios sociales y a incrementar la biblioteca. Esta contaba con 20.000 libros,  hoy tiene 56.000 comprados por la autogestión de la fundación.

José Antonio Gómez no percibe sueldo como director, pero sí como investigador del Archivo.

¿Pelea política?
Gómez no siempre estuvo vinculado a la historia. Antes de convertirse en escritor fue, literalmente, de todo: marinero, ganadero (“tuve una ganadería hasta que se convirtió en perdedería”, dice); sembrador de arroz, camaronero, constructor (levantó el balneario de Punta Blanca), bananero…Aprendió, incluso, a tallar en madera y piedra.

“Siempre he sido un disconforme conmigo mismo hasta que vine al Archivo Histórico y prácticamente me encontré, entonces estoy aquí como pato en el agua”.

Su entrega a las letras nació de una reunión familiar.  “Siempre pensé que escribiría un libro, pero no sabía de qué tema… Hasta que ese día un sobrino mío me dijo cuando les empecé a contar la vida de los viejos de mi familia, por qué no escribes el libro de la familia”.

¡Eureka! se dijo en ese momento, y editó  Gómez, una familia guayaquileña 1800-1993. El libro despertó su gusto por la investigación y la historia. Tenía 67 años. Hoy a sus 82, aunque bromea con que parece de 15, cuenta con una lista que supera la docena e incluye Las calles de mi ciudad,  Los periódicos guayaquileños en la historia, Identidad guayaquileña, Encuentros y desencuentro entre Bolívar y Guayaquil, Vigencia y permanencia de Olmedo, Algunos referentes históricos, entre otros.

Paralelo a ello, también pasó a escribir como editorialista en periódicos locales y de ahí, cree él, nació la disputa con el BCE.

Se refiere a críticas personales que ha hecho al presidente de la República, Rafael Correa, en su columna de opinión, y que pudieron originar la decisión de no trabajar con la fundación. Por eso decidió dejar temporalmente su intervención para evitarle conflictos a la institución.

Gómez dice que la posición política viene del Gobierno, aunque su confrontación también acarrea una. “Tenemos que asumir una política de defensa y una política que busque la autonomía del Archivo, que pertenece a los guayaquileños (…) Yo no me he enfrentado por interés personal, por el interés de permanecer como director, mi interés es defender a la institución y que pase como entidad autónoma bajo la dependencia de los guayaquileños”.

Y piensa seguir en pie, en  una lucha que acaba de empezar, aunque parecía haberse resuelto.

El BCE se reunió con Gómez y aseguró que todo se mantendría igual en el Archivo, aunque él ya había puesto reparos porque el archivo -indica- estaba siendo condicionado al Banco Central. El lunes el tablero volvió a agitarse.

Los integrantes del Banco Central pidieron una cita con él en su despacho para proponerle que siguiera como director y ratificarle que los fondos se mantendrán, pero sin la participación de la fundación, “so pretexto de que la Contraloría se opone”, cuenta él.

El Archivo tiene una estrategia: apunta a organizar un grupo de personas miembros de la fundación y asesores jurídicos para entrar a negociar con el Banco Central. “No quiere que vaya la fundación. Entonces, mañana hace un convenio con el Ministerio de Cultura, se pasa por encima de la fundación y nos somete al Ministerio de Cultura. Eso es una amenaza de estatización”.

La propuesta incluye además que Gómez pase a depender directamente de la gerencia de la sucursal mayor del BCE.

Y eso no lo convence.  “Es una posición muy débil para nosotros que queremos mantener la autonomía del AHG, poder hacer investigaciones históricas, antropológicas que consideramos importantes para la ciudad, la provincia y el país. Vamos a estar condicionados a que se nos imponga”.

La entidad ha planteado dos caminos para garantizar su independencia: el Archivo pasa a ser municipal con un convenio de autonomía que impida la injerencia de cualquier funcionario de turno o que se constituya un ente guayaquileño que administre la institución y designe a su director.

El debate está por empezar. Y él insiste en que su interés es mantener el Archivo Histórico al servicio de Guayaquil para investigar y contar su historia. “Las investigaciones han sido silenciadas a lo largo del tiempo por un sectarismo incomprensible y molesta a muchos que nosotros la descubramos y la pongamos en el tapete”.


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