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Edición del DOMINGO 8 de Junio del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Gastronomía 
Un jardín imperial muy sencillo
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Texto: Epicuro | epicuro@eluniverso.com

Es un lugar donde la relación calidad-precio es impresionante. El servicio es amable y efectivo, aunque algo lento cuando hay afluencia”.

Si esperan un palacio, pierden su tiempo, salvo el caso de que se conformen con una fachada vistosa, tal como lucen los chifas en  grandes urbes. Pero recuerden que todo lo que brilla no es oro y no se debe ir necesariamente a interiores muy lujosos para encontrar buenos platos. He recomendado ya al Hong Kong Deli, en Urdesa, donde no hay manteles ni oropeles, y donde la señora de la casa cocina personalmente. Pues lo propio ocurre en el Jardín Imperial.

Los cubiertos llegan simplemente envueltos en servilletas de papel y no encontrarán lienzo alguno cubriendo las mesas. El ambiente es austero, aunque lleno de color y temas orientales. Hay un televisor, artefacto que odio tener en mi hogar y peor ver en un restaurante donde la gente ya no se habla por mirar una novela o un partido de fútbol. Pero admito esta concesión al gusto de muchos. Hasta El Riviera tiene un televisor, tuve que acostumbrarme. Por lo menos allá el volumen del sonido es muy bajo, no perturba las tertulias de los comensales. Desde luego, hay un importante servicio a domicilio.

Con estos detalles puestos a un lado, el Jardín Imperial es un lugar donde la relación calidad-precio es impresionante. Cené con un tazón gigantesco de sopa con legumbres frescas, wantanes de excelente relleno, unos camarones en salsa de hongos chinos. No bebí vino, sino una humilde gaseosa de pocas calorías, por prescripción médica. Debí pedir un té y es lo que haré en mi próxima visita. Podía ser un Sauvignon blanco el día que el galeno me dé permiso. El servicio es amable y efectivo, aunque algo lento cuando hay afluencia.

La carta, súper modesta, incluye  gran número de platos donde abundan  sopas, uñas de cangrejos, bolas de camarones rellenas y otros tentempiés. Desde luego, hay capítulos dedicados a  tallarines, chaulafanes, platos a base de pollo en varias salsas, pescado, carne, arroces, mariscos. No vi especialidades al vapor, pero es posible que no me haya fijado lo suficiente. En cambio, los que propone el Hong Kong Deli son de primera.

Mi planilla fue de $ 9,80 y les aseguro que salí sin tener hambre. Creo que estamos comentando precios de combate en época de inflación. Pueden tener un tazón de sopa por $ 1,80. El restaurante estaba lleno, era un domingo por la noche. Unos cuantos chinos comían allá, lo que siempre es buen augurio. No hay problemas de estacionamiento. El restaurante se encuentra en la calle Chimborazo, detrás de la clínica Alcívar.

Una amable lectora mía tuvo la gentileza de mandarme un mail en el que me felicita, pero al mismo tiempo me reprocha ser algo elitista. Quiero recordarles que Epicuro es fregado en materia de higiene, visita las cocinas o las ve de reojo, ve los baños, quiere siempre recomendar lugares absolutamente seguros en cuanto a limpieza. No veo todo, desde luego, y a veces ciertos clientes piden platos o bebidas que yo no consumí y no pude comentar.

Epicuro no prueba todos los platos de una carta. Insisto, como lo recuerda la señora en su correo, que la cocina es obra de amor; estoy de acuerdo en que cualquier ama de casa  puede realizar platos muchas veces superiores a los que consumimos en los restaurantes. Diario EL UNIVERSO tiene unas cuantas secciones relacionadas con la gastronomía; creo que entre todos los que escribimos acerca del tema, logramos cubrir la actualidad del buen comer, incluyendo los quioscos de sánduches.

Epicuro es exigente, no es elitista. Y a veces también puede equivocarse al promover un plato que no le sabrá bien a otro cliente por motivos que no puedo prever. Contesto normalmente los correos de un modo personal y solo acudo a mi columna cuando se trata de mails de interés general.

Restaurante Jardín Imperial: Chimborazo 3305 entre Cañar y Azuay. Telf.: 233-3256.


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