En los últimos doce meses, el índice de desempleo en España aumentó en 19,2% y alcanza también al conglomerado de ecuatorianos residentes en ese país que, según datos oficiales, en este lapso casi han duplicado el cobro de subsidios ante la falta de trabajo. El envío de remesas a Ecuador también ha registrado bajas.
El ciudadano español de a pie ha evidenciado en sus barrios la explosión del fenómeno migratorio. Primero, topándose –cada vez más– con rostros de otras razas y, después, con la necesidad de compartir el espacio y los servicios públicos, pero nunca se vio abocado a competir cara a cara con el extranjero por un puesto de trabajo. Hasta ahora.
La profunda desaceleración económica de España (el Gobierno se rehúsa a hablar de crisis), cuyo referente más evidente ha sido el sector de la construcción por el estallido de la burbuja inmobiliaria que aqueja al país, no invita al optimismo.
Las señales de alarma abundan en una nación que se despide de un largo ciclo de crecimiento sostenido de su Producto Interno Bruto (PIB) a niveles próximos al 4% anual. Estimaciones de las autoridades calculan que este pudiera finalizar el año en torno al 2%, mientras algunos analistas vaticinan un crecimiento por debajo del 1%.
Fue la mano de obra extranjera la que en el último lustro se erigió, en buena medida, como propulsora del dinamismo de la economía y el rápido incremento de la renta per cápita de España. Sin embargo, en la actualidad, es este colectivo uno de los eslabones más débiles de un complejo escenario con pronóstico reservado. El mejor indicador: el índice de desocupación.
Desde octubre, el número de desempleados no ha hecho más que aumentar hasta sumar en mayo 2’353.575 personas, lo que se traduce en un incremento del 19,2% en los últimos doce meses (es decir, 380.344 ciudadanos).
La cifra de trabajadores extranjeros expulsados del mercado laboral ascendió a 248.827 hasta el mes pasado, 2.761 más que en abril. El sector de la construcción, con 65.749 desempleados, registró una subida del 5,17% y en el segmento de los servicios, más amplio por la diversidad de ocupaciones, se produjo un descenso del 1,79% con 125.531 inmigrantes sin trabajo.
José Vera, presidente de la Asociación de Ecuatorianos en Cataluña, da fe de los estragos de la compleja coyuntura económica, pues él mismo acaba de perder su empleo. La empresa para la que trabajaba, especializada en la limpieza de caminos vecinales, prescindió de sus 14 obreros por la falta de pedidos.
Respecto a las prestaciones por desempleo (dinero que entrega la Seguridad Social de España a los afiliados que pierden su trabajo), las estadísticas oficiales hablan de un costo de 143,5 millones de euros (unos 224,2 millones de dólares) solo para atender a 1’624.644 beneficiarios en abril, de los cuales 165.217 son extranjeros (10,2%).
De estos, 22.192 son ecuatorianos, 238 más que en marzo y casi el doble desde enero del 2007 cuando la cifra era de 13.608.
En lo que concierne a las aportaciones a la Seguridad Social, el número de afiliados foráneos fue de 2’109.828 asalariados en abril (257.208 ecuatorianos).
El deterioro de la economía española encuentra sus raíces en la escalada de precios del crudo y alimentos, la falta de liquidez en los mercados internacionales provocada por la crisis hipotecaria en Estados Unidos y el frenazo del negocio del ladrillo que arrastra al sector de servicios que lleva asociado, explica Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor de Economía del Instituto de Empresa, en Madrid. “Si la burbuja inmobiliaria hubiera estallado hace dos años, el problema no sería tan grave”.
Lo cierto es que en el país ibérico se produjo una sobreoferta de viviendas. Mientras la demanda anual rondaba los 400.000 inmuebles, se construían 700.000. El banco de inversión Goldman Sachs sostiene que a finales del 2008 ese stock alcanzará las 850.000 casas, por lo que se requerirán varios años para despejar el mercado.
Los inmigrantes que levantaron esas obras permanecen hoy de brazos cruzados, sin trabajo y, muchos de ellos, agobiados por deudas que no pueden pagar.
Es el caso del quiteño Estalin Pérez, casado y con dos hijos pequeños. No logró negociar su deuda con el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), entidad que le concedió el crédito hipotecario. Cuando cayó en el pozo del desempleo, la cuota subió 400 euros ($ 625) y se atrasó en el pago de cinco mensualidades. El banco le embargó la vivienda ubicada en el madrileño distrito de Villa de Vallecas.
Asegura que la inmobiliaria Sueños de Hogar, que le gestionó el préstamo, lo estafó. “Dijeron que la hipoteca era por el 80% del valor de la vivienda, por lo que yo debía pagarles 22.000 euros más ($ 34.375). Cuando se subastó el piso descubrí que el crédito era por el 110%”. Ahora vive de alquiler con un sueldo de 1.200 euros ($ 1.875) como técnico informático y debe 68.000 euros ($ 106.250) al BBVA.
Es que bancos y cajas vieron en los extranjeros con residencia legal un filón para engrosar su cartera de clientes. Se valieron de los servicios de transferencias de dinero que ofertaban para establecer un primer contacto. Concedieron créditos personales y, luego, hipotecarios. “Se llegaron a dar préstamos para pagar cuotas mensuales de 800 euros a personas con salarios de 1.000 euros. O a tasar casas a la carta. Una locura”, reconoce un funcionario bancario que prefiere el anonimato.
El conglomerado de personas que adquirió una vivienda entre 2003 y 2006 –un buen número extranjeros– se encuentra más expuesto porque “compró inmuebles de precios elevados a bajos tipos de interés”, señala la Asociación Hipotecaria Española. Durante esos años el euribor (tipo de interés de referencia para el cálculo de las cuotas de los créditos hipotecarios) osciló entre el 2,10% y el 3,92%. Actualmente se sitúa en 4,994%. Es decir, hipotecas contratadas a 40 años plazo resultan 51% más caras que tres años atrás.
Eso le ocurrió al ecuatoriano José Álvarez, propietario del Snack Bar San Vicente, en Barcelona. “Yo mismo he ido al banco para entregarles mi piso”, cuenta Álvarez, quien recuerda que hace un año pagaba 1.000 euros al mes por la hipoteca y ahora la cuota subió a 1.500. “Estamos arreglando, de tal manera que el banco se quede con el piso, y a su vez me lo arriende, pero por 900 euros al mes”, dice.
No resulta extraño, por tanto, un descenso en la inversión en vivienda a tal punto que en el 2007 los inmigrantes, otrora grandes clientes de las inmobiliarias, dedicaron 15.023 millones de euros ($ 23.473 millones) en la compra de viviendas, 6,4% menos que en el 2006.
La intermediaria financiera Hipotecagratis afirma que la solicitud de estos préstamos ha bajado un 50% por el mal momento de la economía, pero, además, por el endurecimiento de las condiciones de los bancos.
El sector automotor también se ha visto lastrado por el avance del desempleo y el aumento de la inflación (el Índice de Precios del Consumo registró en mayo una tasa de 4,7%, la más alta desde 1995).
En abril, la compra de vehículos de segunda mano por parte de extranjeros se desplomó en 39% al contabilizar la comercialización de 38.600 automotores. El peso de los foráneos en las ventas totales del mercado se recortó del 14% al 7%.
El último análisis de Estabilidad Financiera publicado por el Banco de España cifraba en 2,409 billones de euros el monto de las deudas acumuladas por las familias y por las empresas a las entidades financieras. Solo en el caso de los hogares, eran de 887.426 millones de euros.
En abril, más de 2,2 millones de personas afincadas en la Península y más de 190.000 empresas engrosaban la lista de morosos por deudas impagas con 339 entidades (bancos, grandes compañías, financieras) por un valor de 14.017 millones de euros, según los registros de la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito. De este conjunto, el 21% (es decir, 462.000 personas) es inmigrante. En el 2006, este grupo representaba el 14%.
Esta nómina, que no dispone de datos desglosados por nacionalidades, recoge préstamos no devueltos a partir de los tres meses siguientes a la fecha de su vencimiento y su saldo promedio es de 3.391 euros ($ 5.298).
Para las empresas ecuatorianas con sucursales en España el panorama no es alentador. En La Ganga, entre 2005 y 2006, las ventas de electrodomésticos que reciben los familiares de los inmigrantes en Ecuador, se incrementaron un 30%. “Los compradores son ahora más conservadores, ya no escogen lo más caro y piden créditos a seis meses o un año. Antes preferían pagar todo a los tres meses”, explica su gerente Danilo Morán.
Rafael Pampillón, director del área de Economía del Instituto de Empresa, vaticina una reducción de las remesas, como fruto de la disminución del poder adquisitivo de los extranjeros.
De hecho, mientras en noviembre del 2007, los inmigrantes enviaron desde la Península 770 millones de euros ($ 1.203 millones), en enero el monto fue de 667 millones ($ 1.042 millones). José Prieto, director de Mundocredit (Banco Popular), subraya que el promedio de los giros ha pasado de 400 a 300 euros (de 625 a 468 dólares).
El último reporte del Banco Central del Ecuador refleja esa tendencia. Durante el primer trimestre del 2008, el flujo de remesas se ubicó en 759,6 millones de dólares, monto que significó una reducción del 8% con respecto al cuarto trimestre del 2007 ($ 825,6 millones) que, según las tendencias, siempre aumenta por ser época navideña.
Sin embargo, si se compara con el mismo periodo (enero a marzo del 2007), se registra un aumento, pues en ese lapso ingresaron $ 676,4 millones. Aun así, la Secretaría Nacional del Migrante (Senami) reconoce una desaceleración en el envío de remesas, pues –si se toma en cuenta la vertiginosa apreciación del euro frente al dólar que, según el tipo de cambio actual, es de € 0,64 por $ 1– las cantidades deberían ser mayores.