Como todos los establecimientos, también se preparan para alfabetizar en los sectores más pobres de la ciudad.
Para María José Barreiro, de 16 años, estudiante del quinto curso en la especialidad de Sociales de la Unidad Educativa San Judas Tadeo, los lunes, martes y miércoles de cada semana son especiales.
Esos días, después de clases, ella, junto a otros tres compañeros, se prepara para visitar a los ancianos del hogar San José, el hospicio Luis Plaza Dañín o el Corazón de Jesús, según el cronograma establecido por la institución educativa.
Lo que más le gusta de esta actividad a María José, es poder darles consuelo y compañía a muchos ancianos, cuyas familias, en algunos casos, suelen dejarlos abandonados; algunos hasta guardan rencores que los años no borran.
“Recuerdo que en una ocasión una ancianita de 80 años me dijo que ella aún estaba enojada porque una amiga le había robado el marido y esto no lo podía olvidar. A ella, después de muchos años, aquello le dolía”, manifiesta María.
Esta estudiante, al igual que sus compañeros Stefanía Fayad, Joselin Reyes y Rubén Ormaza, de la misma edad, no tienen mayor experiencia cuidando ancianos, pero dicen que eso es lo de menos, pues lo más importante para las personas es la compañía. “Incluso a veces venimos a los asilos aunque no nos toque”, dijo Reyes.
Rubén Ormaza, en cambio, se ha perfeccionado en la costura porque otra de sus actividades, dentro del asilo, es coserles la ropa y botones.
Aunque asegura que esta actividad también la realiza en su casa. “Algunos pueden pensar que por ser varón no me gusta coser, pero esto es algo que nos enriquece interiormente. Sabemos que estamos ayudando”, recalca.
Como política de educación y con el propósito de fomentar los valores en sus alumnos, la Unidad Educativa San Judas Tadeo (III etapa de la Alborada) prepara a sus estudiantes para visitar los asilos.
Barreiro, desde muy pequeña aprendió a reservar 5, 10 y 20 centavos semanales para darle a su maestra al final del año, para que los envíe a las misiones de África. “Con el resto del dinero adquirimos medicinas para los niños de Fundación Cariño”, señala Joselin Reyes.
Los directivos de la institución y el alumnado mantienen correspondencia con los misioneros de África, para verificar que la ayuda llegue.
Actividades
Coserles la ropa, planchar, doblar sábanas y dar de comer a los ancianos son las actividades que los alumnos hacen desde las 14:30 hasta las 17:00.