El espíritu de Dios nos une en un lazo poderoso de amor y amistad.
Amigo
Doy gracias por ti, querido amigo. Bien hayamos caminado el sendero de la vida juntos por poco o mucho tiempo.
Agradezco que estemos participando en un plan divino de amistad.
El ayudarnos unos a otros nos ha permitido ser personas más afectuosas y compasivas.
Mi vida no hubiera sido lo mismo sin ti.
Tu amor, tu lealtad y tu fe han enriquecido mi vida. Gracias a lo que me has demostrado como amigo, me he vuelto una persona mejor.
Es muy cierto que hemos compartido risas y lágrimas. Hemos compartido también algo más que nuestra humanidad, hemos compartido nuestra divinidad. El espíritu de Dios ha sido y siempre será la fuente de amor que nos ha inspirado, a través de los años, a ser buenos amigos.
Proverbios 18:24
“El hombre que tiene amigos debe ser amistoso, y amigos hay más unidos que un hermano”.