Llevados por el crecimiento de la demanda, los altos precios del petróleo y el gas, la preocupación por la seguridad energética y la aversión por la energía nuclear, más países vuelven a las centrales alimentadas con carbón para abastecer sus necesidades energéticas.
Se supone que los países europeos pondrán en marcha unas 50 centrales de carbón durante los próximos 5 años, centrales que funcionarán durante las próximas 5 décadas Las centrales de carbón alimentan el crecimiento económico de China e India. Estados Unidos, el mayor consumidor de energía del mundo, cubre casi la mitad de sus necesidades con carbón. Las minas de Japón, con unos costos elevados, vuelven de repente a ser competitivas, y la demanda de su carbón se dispara. La producción ha saltado a su punto más alto en casi cuatro décadas.
Pero el carbón sigue siendo uno de los combustibles más sucios y una causa principal del calentamiento global.
Durante años, los científicos han tenido una idea sencilla para reconciliar el uso creciente del carbón con la necesidad de limitar el calentamiento global. Tomar el dióxido de carbono que expulsan las centrales que queman carbón y volver a bombearlo a la tierra.
El presidente Bush apuesta por ello y, de hecho, lleva años hablando de las virtudes del “carbón limpio”.
Los candidatos a sucederle están a favor de la propuesta, al igual que otros muchos miembros del Congreso.
Las compañías mineras lo apoyan. Muchos ecologistas están a favor. Pero en estos meses se ha puesto de manifiesto que el esfuerzo estadounidense por desarrollar esta técnica va muy lento.
En enero, el Gobierno de Estados Unidos retiró su apoyo a lo que iba a ser un proyecto estrella: una central en Illinois donde había carbón, acceso a la red eléctrica y con un terreno debajo que, según sus partidarios, podría almacenar el dióxido de carbono durante siglos.
Pero puede que lo peor de todo sea que en los últimos meses, todos los proyectos de servicios públicos en Florida, Virginia Occidental, Ohio, Minnesota y Washington que habrían facilitado la captura del dióxido de carbono se han cancelado o desterrado al limbo regulador.
El carbón es abundante y barato, y eso garantiza que se seguirá usando. Pero si no se empieza pronto a desarrollar y perfeccionar la captura y el almacenamiento del carbono, la tecnología puede llegar demasiado tarde para conseguir que el carbón sea compatible con la limitación del calentamiento global.
“Es un caos total”, se lamenta Daniel M. Kammen, director del Laboratorio de Energía Renovable y Apropiada de la Universidad de California, en Berkeley.
Los planes para luchar contra el calentamiento global suelen dar por sentado que, al menos durante unas décadas, el uso continuado de carbón en las centrales es inevitable. Por lo tanto, los analistas asumen que ya en el año 2020 el dióxido de carbono emitido por las nuevas centrales tendrá que ser capturado y almacenado en el subsuelo. Pero, por sencilla que pueda parecer la idea, todavía hay que seguir investigando mucho.
Los científicos necesitan descubrir qué clases de formaciones rocosas y de suelo son mejores para retener el dióxido de carbono. Tienen que estar seguros de que el gas no volverá a salir a la superficie.
Deben encontrar diseños óptimos para las nuevas centrales con el fin de reducir costos. Y hay que resolver cuestiones jurídicas complejas, como por ejemplo quién sería el responsable si tal proyecto contaminase el agua subterránea.
Pero sólo sobreviven un puñado de pequeños proyectos, y las últimas cancelaciones implican que la mayor parte de este trabajo se ha parado, lo cual ha despertado dudas acerca de si la tecnología podrá estar lista en las próximas décadas. Y sin ella, “no tendremos muchas probabilidades de estabilizar el clima,’’ afirma John Thompson, que supervisa los trabajos sobre este asunto para el grupo ecologista Clean Air Task Force.
Lo que se teme es que las empresas de servicio público, al carecer de técnicas químicas probadas para capturar el dióxido de carbono y de métodos demostrados para almacenar en el subsuelo mil millones de toneladas al año, construirán la siguiente generación de centrales de carbón usando la tecnología actual. Pero la situación no es desesperada.
En Wisconsin, los ingenieros prueban un método que les permitiría incorporar maquinaria para capturar el carbono en la parte posterior de las antiguas centrales energéticas; Suecia, Australia y Dinamarca tienen previsto hacer pruebas similares. Y los ingenieros alemanes exploran otro método: quemar carbón en oxígeno puro, lo cual produciría una emisión de gases “limpios” que se podrían inyectar en la tierra.
Pero sigue en el aire la cuestión de si estará lista la tecnología para capturar y almacenar el dióxido de carbono cuando sea necesaria. El Electric Power Research Institute, consorcio de servicios públicos, ha calculado que el proceso, desde que arranca una central piloto hasta que se prueba que la tecnología funciona, llevará 15 años.