Sábado 07 de junio del 2008 Cultura

La reserva del museo desde otras ópticas

Pilar Estrada Lecaro PARA EL UNIVERSO

Un nuevo acercamiento

En la exposición  Los expulsados del paraíso  se aborda una arista distinta de la colección municipal.

El Museo Municipal de Guayaquil entiende que su labor no es ser un contenedor de bienes sino, entre otras responsabilidades, darle valor y sentido al acervo que ha acumulado en estos 100 años que está por cumplir en diciembre.

Para eso, entre sus celebraciones, desde fines del año pasado la sala de Arte Contemporáneo ha albergado tres exposiciones que, con diferentes temáticas, han permitido que las obras de la reserva del museo sean vistas nuevamente por el público. Esta reserva está compuesta básicamente por pinturas y esculturas que desde 1959 han participado y ganado premios en el Salón de Julio, uno de los salones de arte más importantes de la ciudad y el país.

La exposición anterior,  Un lugar especial en el mundo,  conmovía al público por la sobriedad del montaje y la calidad de las piezas seleccionadas, que concentraban pinturas de las décadas de los sesenta y setenta que trataban paisajes indefinidos con diversos estilos pictóricos.

En la delicada  consecución de las obras y la manera de aproximarse al tema se demostraba la intencionalidad de la búsqueda estética de cada artista. Algunas de las pinturas eran casi imposibles de reconciliar con la producción que desembocó de la mano de conocidos pintores incluidos en la muestra como Gilberto Almeida, Antonio del Campo o José Carreño.

En  Los expulsados del paraíso  se aborda una arista muy distinta de la colección municipal: un contenido social crítico, temática que justifica su importancia en su evidenciada atemporalidad como recurso en el arte, pues las diez piezas exhibidas transitan cuarenta años de Salones de Julio.

La brecha que se marca desde 1969 con el  Dibujo Mural Nº 2,  de León Ricaurte, el más antiguo de la exposición, que denuncia el maltrato incluyendo en el collage recortes de periódico, hasta el reciente  Siempre cerca de ti,  de Juan Caguana, que camufla ingeniosamente una de las imágenes más repetidas en la prensa  respecto al caso Fybeca, toca directamente las fibras de una sociedad que no se siente protegida por el estado, y en algunos casos ni siquiera se siente parte de él.
Esta marginalidad, que se exterioriza crudamente en piezas como  Paisaje de mi ciudad nocturna,  de Jorge Jaén, la contrastante pintura de Enrique Estuardo Álvarez,  A sangre y fuego,  o Los chamberos, de Hernán Zuñiga, incita a un acercamiento reflexivo por parte del espectador.

Ronald, uno de los guías de la muestra, comentaba que la gente que ha visitado la exposición se siente muy identificada con ella, y no es difícil de imaginar ya que las obras mencionadas anteriormente, o  Muerto en Murcia, de Xavier Patiño, y San Francisco Varas emigrante, San Francisco Varas deportado, de Marco Alvarado, reflejan hechos que siguen removiendo las estructuras y heridas del país, estas últimas con la temática migratoria, que desde su  intensificación  a fines de la década de los noventa afecta desde lo económico a través de las remesas, hasta los desmembramientos que se han generado en el núcleo familiar.

Lupe Álvarez, curadora de estas exposiciones, está preparando siete más a partir del estudio que está llevando a cabo en la reserva del museo; dándole más oportunidades a la ciudadanía no solo de conocer su patrimonio sino de poder verlo a la luz de diferentes matices que enriquecen sus lecturas y proponen nuevas maneras de acercarse a él.

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