viernes 06 de junio del 2008 Columnistas

El mundo al revés

ARGENTINA |

La necesidad y el hambre avivan el entendimiento como ninguna otra circunstancia de la vida. China, la India y Brasil son los nuevos grandes jugadores y será Brasil el que empuje al resto de los países sudamericanos.

El domingo pasado encontré escondido en The International Herald Tribune un artículo de Roger Cohen. Se titulaba ‘The world is upside down’ y es de esos que ponen la piel de gallina del vértigo que producen. Está fechado en Río de Janeiro y explica que en una época se descubrió que el mundo no era plano, pero ahora nos dimos cuenta de que está al revés. Por suerte para entenderlo no propone la solución un poco tonta de dar vuelta el globo terráqueo. Eso ya lo dice y hace mucha gente de esa que declama desigualdades y lo único que consigue es que no entendamos nada. Al fin y al cabo los mapas tienen pies y cabeza y ya están en nuestro imaginario colectivo con el norte encima del sur: eso no es ni bueno ni malo.

Para entender el mundo de hoy Cohen propone que invirtamos no el mapa sino el pensamiento. Todos creemos que quienes llevan el progreso del mundo son los bloques desarrollados de Europa y Norteamérica, pero ya no es así: dos tercios del crecimiento económico global del año pasado se originaron en los países emergentes, cuyas economías crecerán alrededor del 6,7% en el 2008  contra el 1,3% de los Estados Unidos, el Japón y la Unión Europea. La subida de los  precios de la energía, las commodities y los metales y minerales que se consumen en los países desarrollados y se producen en el mundo en desarrollo explican el viraje.

Mientras Europa, Norteamérica y Japón van en el troncomóvil de los Picapiedras, Brasil, la India y China avanzan en un Ferrari Fórmula Uno. Los países emergentes están acelerando su crecimiento cuando los centrales lo frenan. Lo único que crece en  Estados Unidos son las ejecuciones hipotecarias y lo hacen al mismo ritmo que en España baja el precio de los inmuebles y se detiene la construcción (con una incidencia directa en la subsistencia de cientos de miles de inmigrantes latinoamericanos que trabajan en esa industria). Petrobras, la petrolera brasileña, es más grande que BP, Shell y Total. Companhia Vale do Río Doce compró Inco, de Canadá, a 17.000 millones de dólares en el 2006 y estuvo a punto de comprar la minera suiza Xstrata por 90.000 millones este año. La india Vedanta Resources,  también minera, está a  punto de comprar la norteamericana Asarco por 2.600 millones. Tata Motors, automotriz india, compra a Ford las antiguas terminales inglesas Land Rover y Jaguar por 2.300 millones de dólares.

Estamos ante un desplazamiento del poder económico cuyas implicaciones el mundo aún ni vislumbra. Los viejos países ricos están perdiendo la iniciativa en manos de la creatividad emergente de los viejos pobres. Pero hay otra consecuencia: los nuevos ricos no son los más pequeños, como ocurría hace cien años. Todo parece indicar que ahora llevarán la bandera del progreso económico los más poblados, donde la gente es más avispada. Cualquier hijo de familia numerosa lo sabe porque lo sufrió en carne propia: en la mesa hay que apurar el ritmo para comer caliente y no quedarse con las sobras frías que dejan los hermanos. También hay que espabilar en el ropero y hasta en el baño. Al futuro hay que forjárselo uno mismo porque la plata no alcanzará nunca para todos. La necesidad y el hambre avivan el entendimiento como ninguna otra circunstancia de la vida. China, la India y Brasil son los nuevos grandes jugadores y será Brasil el que empuje al resto de los países sudamericanos.

Mientras todo esto ocurre, otros estamos en Babia o pasándonos factura de nuestros males. En la Argentina la rosca entre nosotros mismos se ha vuelto un vicio onanístico que al ritmo que va explotará en cualquier momento. En lugar de producir los alimentos que necesita el mundo nos rompemos los cuernos entre nosotros para ver de quién es la renta de esas formidables cosechas. Nunca hubo dudas de que son del que la sembró, pero una manga de langostas vagas e insaciables se ensaña obscenamente con los que trabajan y producen riquezas. No es el único país con desencuentros que atrasan su desarrollo por no subirse al tren que pasa en estos años. Pero es el mío y duele ver que el resto de un mundo tan cercano va para otro lado, justo el que más me gusta.
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