viernes 06 de junio del 2008 Columnistas

Corrupción política: negación de la democracia

SALAMANCA, España |

He tenido la suerte de conocer al doctor Rafael Bustos Gisbert, talentoso  profesor de la cátedra Derecho Constitucional y Corrupción Política del Curso de Postgrado en Derecho Constitucional de la Universidad de Salamanca.

Digo que he tenido la suerte porque últimamente en el Ecuador, los “relativistas del siglo XXI” nos quieren hacer ver el sol color rojo.

En estos tiempos,  al parecer todas las realidades del Ecuador deben acomodarse necesariamente a los intereses políticos del régimen; si no son mentiras, por más reales que puedan ser.

Las presunciones de corrupción, hoy lo son de honradez y sacrificio por la patria; la transparencia legal y moral de los procesos públicos deben sustituirse por la confianza obligatoria que debemos tener en las sacrosantas intenciones de los supremos hacedores de la nueva patria.

Es decir, los parámetros de lo correcto e incluso de lo legal ya no dependen de la norma escrita o de la voluntad de los pueblos hecha costumbre, en cada caso,  sino de su adecuación al proyecto político o las necesidades de los detentadores del poder.

Se refutan videos y testimonios; se cambia la historia documentada, se manipulan los valores, como si se tratara de piezas de dominó revueltas por una mano oculta.

Y Bustos, alejado siquiera de desconocer la existencia de la corrupción de los políticos aun en las democracias más sólidas del mundo, como verdadero cáncer que impide el progreso de los pueblos, acertadamente sostiene que la corrupción política es la negación de la democracia.

Es que los políticos con poder en democracia (peor cuando en Ecuador esta salió por la misma puerta por la que se echó al Poder Legislativo) tienen una responsabilidad mucho mayor que la fijada por las leyes.

Deben ser el modelo a seguir en prudencia, respeto de derechos, tolerancia, transparencia y honestidad (mucho más allá de las leyes).

No han sido electos para someter a las masas abusando de la falta de educación de estas por culpa de los malos políticos, traidores de la confianza soberana; sino por el contrario, para procurar con la plena convergencia entre mandante y mandatario, alcanzar los objetivos y preferencias de los gobernados, de los dueños del poder.

El que detenta el poder a base de la confianza soberana y goza de sus prebendas, en contrapartida no puede pretender que se lo juzgue con los mismos estándares morales y/o legales que a un ciudadano que no se traslada en carros blindados, ni viaja gratis por el mundo a abrazarse con sus colegas ideológicos, ni tiene la capacidad de acorralar con la fuerza del aparato estatal a sus rivales, o utilizar los espacios televisivos públicos para la campaña política de su coidearios.

Por eso estamos mal en el Ecuador; porque se nos quiere vender la idea de que esta visión de democracia y de corrupción es caduca e imperialista… que Cuba tiene una “forma” de democracia a su manera… y en consecuencia, por supuesto, puede existir una Asamblea Constituyente de plenos poderes a través de la cual, el poder se consolide en una sola mano… en democracia.

Por eso el empeño de aislar al Ecuador; no vaya a ser que se descubra la verdad por culpa de unos cuantos académicos no contaminados por el veneno del relativismo que tiene sedado al Ecuador… No para siempre, eso es seguro.
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