En un centro de Cuenca, 79 personas especiales reciben capacitación sobre diversos oficios.
Hace once años, Raúl Sucozhañay no imaginó que existía un mundo diferente al que todos catalogan como normal. Cuando su primogénito cumplió tres años de edad y le diagnosticaron autismo, se preguntó ¿qué será de él?, ¿donde lo educo?
Pero encontró una alternativa en la Escuela Especial y Centro de Formación Artesanal San José de Calasanz.
Hubo centros para estimulación temprana y apoyo psicológico, pero además buscaba inserción social y laboral.
Ahora el futuro es alentador y aunque a otro padre no le sorprenda que a los 11 años de edad su hijo escriba el nombre, para Sucozhañay –a quien su hijo le cambió la vida y le enseñó que la lucha para exigir que se cumplan sus derechos es constante– esto es todo un triunfo.
El centro Calasanz se fundó hace una década, el 16 de junio de 1998, con doce alumnos en las instalaciones de la parroquia San Sebastián, bajo la tutela de los padres Escolapios.
Este año el festejo inició el pasado miércoles con la presentación en el Teatro Sucre del coro institucional a tres voces y finaliza con una muestra pictórica en el Salón del Pueblo, el 19 de junio próximo.
Actualmente son 79 alumnos con diversas discapacidades los que se educan hasta el décimo año de básica y obtienen una licenciatura artesanal en las ramas de marquetería, adornos para el hogar y panadería, respaldados por la Ley y Junta de Defensa del Artesano.
En el 2005 cambió de local y funciona en un edificio, en el sector La Isla, pero las necesidades persisten, aunque la Municipalidad, Consejo Provincial, colonia de ciudadanos taiwaneses, padres de familia y personas caritativas realizan aportes, según Eulalia Torres, directora de la entidad.
Pero para que la capacitación integral, inserción social y laboral sea efectiva, es necesario que la familia supere temores comunes como agresión sexual o graves crisis, y que lo demuestran en una excesiva protección de los graduados, dice Torres.
Sobre este tema, la instructora del taller de panadería, Mónica Toral, refiere que para la inserción laboral los empresarios también se forman para ayudarlos, además de destinar a un compañero que comprenda y asista en algunas tareas.
En este centro, la disciplina intenta ser una norma, pero en casos como el de niños hiperactivos, las transgresiones son constantes y es común ver corretear a niños y maestros, y cuando los segundos ganan la batalla, se los observa en actividades de cerámica, panadería o pintura.
En el taller de panadería, por ejemplo, se producen 120 unidades diarias para consumo interno, pero los miércoles trabajan con un pedido de 600 para la Empresa Eléctrica, por eso aspiran tener mayor demanda para solicitar más asistencia de estudiantes o graduados.
Para quienes muestran destrezas en cerámica, su mundo laboral es limitado, así como los recursos materiales con los que cuentan. Por ello coordinan horarios para utilizar el horno y el torno del Centro de Reconversión Económica de Azuay, Cañar y Morona Santiago, señala Magdalena Moscoso.
EL CENTRO: La ayuda
Graduados
En cuatro promociones se han graduado 33 jóvenes.
Profesores
En el centro laboran ocho profesores con partida fiscal y cuatro bonificados por el Ministerio de Educación.
Remuneración
Son 16 profesionales que perciben remuneración con las pensiones que llegan hasta los $ 60.
Tratamientos
Los profesores, que son sicólogos, tienen una hora para apoyar con tratamientos.
Salud
La atención médica se da en el Hospital Regional.