jueves 05 de junio del 2008 Columnistas

La trampa

Pronto los ecuatorianos seremos convocados nuevamente a las urnas. Muchos pensarán ingenuamente que la convocatoria será para pronunciarse sobre el proyecto de nueva Constitución que elabora la Soberanísima, con la asesoría del español  Roberto Viciano, cuyos honorarios son hasta ahora desconocidos. Sin embargo, tal como lo sostienen defensores del régimen, en realidad la consulta será para decidir entre dos opciones: o el proyecto político de Alianza PAIS, o el regreso  del Congreso de los manteles.

Así las cosas, poco importará el contenido de la nueva Constitución, que probablemente la mayoría de ecuatorianos ni leerá ni entenderá, especialmente porque en la redacción hasta ahora conocida se ha abusado de los llamados conceptos jurídicos indeterminados, es decir, términos con implicaciones jurídicas que, por no estar clara y previamente definidos, podrán interpretarse dependiendo de la ideología, afectos o desafectos del gobernante de turno. Expresiones como “buen vivir”, “latifundio”, “concentración de la tierra”, etcétera, dan muestras del peligro que enfrentamos.

Con la nueva Constitución, en la forma en que se han aprobado algunos de sus artículos, desaparecerá por completo la posibilidad de implementar un verdadero Estado autonómico y se perfeccionará un modelo centralista, estatista, antimunicipalista y autoritario.

La propiedad privada penderá de la voluntad de algún funcionario, ya que se prohibirán los latifundios y el acaparamiento de la tierra, con lo cual, si a alguien se le ocurre que los latifundios son extensiones de más de una hectárea, por ejemplo, o que ser propietario de más de un inmueble constituye acaparamiento de la tierra, bastará tal interpretación para que la propiedad se extinga y, como se trata de conductas prohibidas por la ley, no existirá ninguna garantía de que habrá indemnización.

Las exportaciones de banano, camarones, arroz, cacao o productos pesqueros podrán prohibirse si a alguien se le ocurre que la “soberanía alimentaria” así lo exige, por supuesto exceptuando las destinadas a Venezuela.

Un viernes de Semana Santa el gobierno podrá decidir terminar con la delegación del sistema bancario al sector privado y asumir directamente las actividades de los bancos.

En definitiva, los ecuatorianos estamos próximos a caer en la gran trampa de decidir entre Correa y los diputados de los manteles. Mientras tanto, se nos quiere hacer creer que la inflación es culpa de la China, que el desempleo es responsabilidad de las cifras del Banco Central, que la corrupción –diezmos incluidos– es necesaria para contratar asesores y que jamás en la historia ha existido un plan vial tan bien concebido para entregar contratos a dedo como el relámpago.

Urge, en consecuencia, encontrar una Tercera Vía que nos permita no caer en la trampa. Propongo para ello que en el próximo referéndum se nos presenten al menos tres opciones: la nueva Constitución de Montecristi con el riesgo de la propiedad privada y de la soberanía alimentaria; la Constitución de 1998 con el regreso de los diputados de los manteles; o, la Constitución de 1998 con las reformas planteadas por el ex presidente Dr. Gustavo Noboa, que entre otras cosas, consagra el régimen de autonomías. Con esta trilogía podremos escoger con libertad y no caer en la trampa de escoger entre los buenos y los malos.
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