miércoles 04 de junio del 2008 Columnistas

Analfabetismo

Leo en la prensa, con grata sorpresa, que el analfabetismo en Ecuador está de retirada (7,2%). “En Sígsig (Azuay) el índice de analfabetismo disminuyó al 3,6%, estadística por la cual la Unesco declaró al cantón libre de analfabetismo. Esta organización considera que si el porcentaje es menor al 3,9% el analfabetismo deja de ser un problema social” (Diario Hoy, 28 de mayo del 2008).

Al igual que Sígsig, los cantones San Fernando, Girón, Santa Isabel, Oña y Ponce Enríquez también fueron declarados libres de analfabetismo; próximamente engrosarán la lista Gualaceo y Nabón. Bien por Azuay;  el asesoramiento de maestros cubanos ha sido de máxima utilidad junto con la cooperación de la población necesitada de este servicio; ahora se deberá velar porque la postalfabetización complete la educación primaria, en 18 meses, anclada  en la programación del Instituto Latinoamericano de Cuba.

El ministro de Educación, Raúl Vallejo Corral, está empeñado en bajar el índice nacional de analfabetismo. Nadie puede oponerse a tan noble propósito, máxime quienes ya vivimos, con Cachito Vera a la cabeza, un programa de alfabetización que se lo realizó de manera entusiasta, con bombos y platillos, en medio de una controversia de mucha altura y de enorme consistencia.

Los estudiantes del Litoral han sido convocados para esta noble tarea. Como en aquel entonces, también ahora surgen cuestionamientos que requieren de una pronta respuesta oficial que solucione las dificultades que encuentran los estudiantes de segundo año de bachillerato para cumplir con lo mandado.   Pongo a consideración de ustedes, amables lectoras y lectores de EL UNIVERSO, estas inquietudes:

¿Cómo hacer para que cada uno de nuestros cuasibachilleres tengan tres personas  para alfabetizarlas? Guayaquil, Manta, Portoviejo, Esmeraldas, Santo Domingo, etcétera, han crecido descomunalmente; los analfabetos, de existir, no se encuentran  cerca de las instituciones educativas, sino dispersos y muy alejados del centro de las grandes ciudades.

Algo más: la inseguridad es hoy por hoy una lacra social que no ha podido ser vencida pese a las buenas intenciones del actual régimen; esta inseguridad se vuelve más crítica  en los barrios marginales. ¿Qué hacer para que la bondad de este programa de alfabetización no se estrelle con estos obstáculos ni cause víctimas?

Es indispensable y  urgente  que el Gobierno promueva la alfabetización a nivel nacional, mediante una campaña intensa y efectiva; que convoque a la ciudadanía, aún analfabeta, para que acuda a los colegios a inscribirse en este programa, pues resulta infructuoso, peligroso y muy delicado ir de casa en casa averiguando por la existencia de un analfabeto. Los rectores deben poner sus aulas a disposición de este programa  para que alcance sus objetivos y supervisar su cabal cumplimiento; los estudiantes, capacitarse para que su labor sea fecunda; exhortar a quienes tengan bajo su techo a personas que aún no leen ni escriben a fin de que ellas sientan la necesidad de colaborar para que Ecuador logre sus metas y cuente con una población libre de analfabetismo.

Esta campaña debe ser, para los iletrados, una oportunidad y una obligación; no es dable mendigar su participación, incluso pagarla. Los vicios tienen que erradicarse.
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