Dirigió Shrek y la primera parte de las crónicas. Pero, tras realizar la segunda parte de las obras de C.S. Lewis ha decidido retirarse.
En un piso amplio y lujoso, en las alturas, frente al Colombus Circle, al sur del Central Park, el director Andrew Adamson luce una barba candado rubia y una camisa no precisamente sobria: violeta, con ribetes amarillos.
No tiene mascarada de la estrella que saltó al ruedo de las grandes ligas hace algunos años con Shrek. Ahora, en Las crónicas de Narnia: el Príncipe Caspian enfrenta a la crítica aferrado a una botella de agua mineral y con la piel pálida de quien ha pasado sus últimos cuatro o cinco meses frente a la pantalla titilante de una isla de edición.
Tiene el humor intacto, de todas formas, pero reconoce que tuvo que ajustar tuercas hasta el final. Había estado al frente de la primera batalla de la serie de filmes basados en las novelas de C.S. Lewis, y acepta que esta vez sabía la presión que significa un presupuesto de 100 millones de dólares y la obligatoriedad de devolver esa confianza con un producto exitoso.
“Lo más importante es que ya conocía los problemas que iba a tener y solo tuve que hacerles frente. Quería contar con más locaciones y por eso marchamos hacia el centro de Europa, Checoslovaquia, y también filmamos en Nueva Zelanda. Hicimos, además, muchas maquetas y las cambiamos las veces que fue necesario. Lo peor de este momento de cierre es que pasamos mucho tiempo juntos con los niños, y nos hicimos cercanos”.
Reconoce, sin embargo, que hay que ser estricto y hasta autoritario al trabajar con chicos, aunque buscó mantener buenos climas en medio de un set afiebrado por una muchedumbre trabajando contrarreloj.
Y en medio de ese vértigo, recuerda que la pequeña Georgie Henley (Lucy Pevensie) le dejó una enseñanza. “Me pidió parar un poco y que necesitaba descansar. Que la película anterior había sido divertida, pero esta vez sentía que solo trabajaba. Fue interesante aprender algo tan profundo de una niña. Hice un montón de cosas desde entonces: toqué música en el set y empecé a hacerme más el tonto para que no pareciera tan serio hacer un filme”.
Aunque Adamson tiene su propia aventura por estar al mando de una realización semejante ha dicho basta.
La tercera parte de Narnia será tarea de Michael Apted. “He estado con este proyecto desde hace muchos años y ahora quiero que las cosas se demoren un poco en mi cabeza. Y solo después, ya veremos qué se nos ocurre. Necesitaré algo más pequeño e improvisado, un proyecto en el que pueda cometer errores”.
En Las crónicas de Narnia: el Príncipe Caspian la gente estalla con cada ingrediente que la sazona: efectos, locaciones, épica, personajes de leyenda y hasta una historia de amor. No faltan, en sus dos horas diez minutos de duración, algunas escenas de violencia que inquietan. La acción es más intensa que en la cinta anterior, reconoce Adamson, pero no es más oscura. En la primera, un héroe moría. Aun así, el final del filme, un tsunami que parece el rostro de un dios justiciero, encenderá más de una polémica.