LÍDER. Carmelina Jiménez puede organizar bingos o ayudar a construir casas en el Guasmo sur.
Un sábado por la mañana con un imponente sol se observa a un grupo de más de ocho mujeres que enlaza riostras, funde losas, mezcla cemento con arena y lleva materiales de construcción de un lado hacia otro.
Todas ayudan a levantar una casa de cemento para Gabriel Mosquera, un morador de 70 años, de la cooperativa Mariuxi Febres Cordero, en el sector del Guasmo sur.
En el trajinar de la jornada está Carmelina Jiménez Mora, ama de casa de 49 años, conocida en su barrio por estar involucrada desde las actividades más ligeras como la realización de bingos, rifas y otros tipos de eventos para recolectar fondos en favor de algún vecino o de la comunidad entera.
Eso hasta participar en los trabajos más pesados como hacer labores de albañilería para ayudar a edificar viviendas en la cooperativa, y conformar brigadas con los miembros de la Policía Comunitaria para realizar patrullajes por seguridad en la zona.
Carmelina también se dedica a hacer talleres de capacitación en manualidades.
Pero, ¿cómo lo hace si aún vela por dos de sus cinco hijos, de 18 y 15 años, y se da tiempo para cuidar a un nieto de 2 meses todas las mañanas?
“Es una mujer que tiene mucha voluntad”, responde inmediatamente a la pregunta Marjorie Galarza, amiga y vecina de Carmelina.
Ambas forman parte del movimiento Mi Cometa, cuyo principal proyecto es Adopta una familia, donde voluntarios extranjeros ayudan a cimentar viviendas a los habitantes del Guasmo. Estos se hospedan en los inmuebles de los vecinos del sector.
Galarza explica que la actitud innata de Carmelina de colaborar o buscar soluciones a los problemas tomó fuerza hace quince años cuando trabajó para el Instituto Nacional de la Niñez y la Familia (Innfa).
“Solo ha culminado la instrucción primaria pero ha llegado más lejos que ninguna otra persona. Eso no ha sido impedimento para continuar con su trabajo comunitario”, manifiesta Galarza.
De lunes a viernes, desde las 05:00, Carmelina se levanta para arreglar su hogar, prepara el desayuno para sus hijos Gregorio (18) y Álvaro (15), que aún estudian en el colegio.
Luego de despedirlos y darles la bendición se alista para cuidar a uno de sus nietos menores de 1 año hasta las 14:00, hora en que llega su hija Wendy (27) a recogerlo.
Esta, al igual que sus otras hijas María Mercedes (30) y Glenda (23), no viven con ella.
Pero mientras alterna las labores de cocinar y vigilar a su nieto, Carmelina se sienta en su taller de artesanías y elabora cinturones, pulseras, aretes y otros accesorios con piedras de fantasía, pues también se dedica a la venta de bisutería.
“No se detiene cuando no le resulta un negocio, le apuesta a otro”, señala Anita Cali, hermana materna de Carmelina.
Los fines de semana, Carmelina los dedica a dar los talleres de capacitación en manualidades ya sea por cuenta propia o a través de la brigada de la Policía Nacional.
“Es una señora muy activa que muchas veces prefiere estar fuera de casa viendo lo que hace falta en la comunidad”, expresa un policía del retén Nº 45, ubicado en la cooperativa Mariuxi Febres Cordero.
Ante estas declaraciones Carmelina adjudica sus ganas de trabajar a su esposo, Segundo Pajachuque, de 61 años, quien es ayudante de cocina dietética en el hospital León Becerra. “Él me da su apoyo en las cosas que hago, es un hombre paciente que me ayuda con la familia y en las tareas del hogar”.
Opiniones
Marjorie Galarza
Amiga
“Es una mujer que en lugar de resignarse o vivir con los problemas se pone a buscar una solución”.
Anita Cali
Hermana
“Ella siempre está de buen ánimo, con las cosas que hace en la comunidad se gana la admiración y respeto”.
Segundo Pajachuque
Esposo
“Siempre ha sido una mujer que sale adelante a pesar de las dificultades. Por mi parte la apoyo”.