lunes 02 de junio del 2008 Columnistas

La divisa nacional

Decía un pensador que en el lema de la revolución francesa “Libertad, igualdad y fraternidad” estaban muy bien la libertad y la igualdad, pero que le parecía terrible la compulsión a la fraternidad. Pero si recordamos el origen masónico que tiene este mote lo entendemos un poco mejor:
la masonería es una fraternidad y quien se afilia a ella, siempre voluntariamente se entiende, se obliga a practicarla. Pero de las logias pasó sin reforma a ser la divisa del Estado francés, el cual hará muy bien en hacer respetar la libertad y la igualdad, pero ¿imponer la fraternidad? Eso ya es otra cosa.

Aquí la palabra de moda es “solidaridad”. Hay que ser solidarios, se nos dice. Un diccionario propone como sinónimos de esta palabrita “concordia, fraternidad, unión, compañerismo”, lo que es más o menos equivalente a largueza, liberalidad, generosidad, desprendimiento u algo así, conceptos que son los que seguramente bullen dentro de tan grandes cabezas (ustedes sí se acuerdan quiénes eran los “cabezones”, que se mataban  –y no es un decir–  con los “chinos” en los predios universitarios en los años setenta).

Bueno, en todo caso, al igual que en el caso de la fraternidad, suponemos que la solidaridad y sus afines son virtudes o ánimos voluntarios. En el colegio conocí a un grandulón que cuando veía a un chico de grado o estatura inferior comiendo alguna golosina, venía, le arranchaba el manjar y tomaba una buena parte de él, al tiempo que decía: “Portate generoso”. Esa es exactamente la mentalidad de quienes quieren imponer por vía coactiva la solidaridad. Van a declarar por el imperio de la ley a este país “solidario”, de una vez que le declaren “casto”, para saltarnos la polémica sobre el aborto, y “honesto”, para acabar de una vez con la corrupción.

Suelen decir que quienes se oponen a tan brillantes iniciativas son personas que “solo piensan en lo material”. Bueno, cuando ellos hablan de solidaridad en lo único que piensan es en repartir cosas materiales y, por añadidura, ajenas. ¿Por qué se andan por las ramas, por qué usan eufemismos y no dicen de una vez socialismo, que es lo que quieren decir y lo que quieren? Porque me parece inadmisible que vengan a decirme “portate solidario” y se lleven manu militari la mitad de mi golosina. No me gustaría, pero les entendería, si al hacerlo me dicen “somos socialistas”. A quienes así actúen les tengo un gran referente: Naun Briones, el Robin Hood lojano, que con tanto arte retrató Eliécer Cárdenas en su novela Polvo y ceniza. Estoy seguro de que no tardaremos en ver que se levantan monumentos para honrar la memoria de este hombre tan solidario.

Entonces, puesto que además se están receptando propuestas sobre los símbolos del Estado, les hago acuerdo que Ecuador no tiene una divisa, como la tiene Francia, la ya citada “Liberté, égalité, fraternité”, que como vimos es un poquito imposible de aplicar, por lo que he encontrado otra: Pobreza, obediencia y castidad. Pobres seremos, nos harán obedientes y, para contentar a los fundamentalistas, enemigos de la masturbación y el homosexualismo, castos.
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