Conductores de autobús en la capital brasileña paralizaron labores este lunes por 24 horas en demanda de mejores salarios y jornadas de trabajo más cortas, con lo que dejaron a un millón de personas sin servicios.
Imágenes de televisión mostraron paradas de buses en las ciudades aledañas a Brasilia repletas de personas esperando algún medio para llegar a sus lugares de trabajo, mientras el servicio de tren subterráneo no dio abasto para el aumento en la demanda.
La policía militar confirmó que el paro fue total entre los 9.000 conductores de Brasilia y sus alrededores.
El sindicato del ramo reclamó un aumento salarial de 20% y la reducción de su jornada de trabajo de 40 a 36 horas semanas, entre otras reivindicaciones.
Sus demandas se suman a las de los empresarios del transporte público, que han exigido al gobierno local un aumento en las tarifas. Sin embargo, el gobernador del Distrito Federal, José Roberto Arruda, rechazó ceder a la presión.
Pueden hacer las paralizaciones que quieren, no hay presión que nos va a obligar aumentar el costo de los pasajes, declaró Arruda a periodistas. Brasilia ya sufrió antes este juego, en que empresarios y sindicatos se unen para obligar a subir los pasajes.
La paralización permitió que afloraran los transportistas piratas, que pasaban en autos particulares por las paradas de buses a recoger pasajeros ansiosos por movilizarse.
El presidente del sindicato de transportistas, Saul Araújo, advirtió que si las negociaciones no avanzan, habrá una huelga general por tiempo indefinido a partir de la próxima semana.